sábado, 4 de agosto de 2007

Cabildos

Por Santiago Bogoya.
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Esta es la primera parte de un artículo que buscó adentrarse históricamente en un aspecto fundamental de nuestra cultura latina: la fiesta. Son de aquellas cosas que nos inquietan, pero así mismo nos sobrepasan. La próxima entrega será en una semana.

Fiestas en los cabildos seculares: Expresión de diversidad en la sociedad colonial

“...Y porque es bien que la villa se regocije ordenaron y mandaron que el dicho día de San Miguel haya toros y juego de cañas y la noche antes luminarias por la plaza y calles de la villa tocándose atabales trompetas y chirimías...y para esto se junten los caciques y gobernadores de toda la jurisdicción de esta villa y ellos y sus indios así mismo hagan sus fiestas a su modo y costumbres de manera que entrenabas repúblicas haya aquel día gran regocijo y contento...”

Cabildo 24 de septiembre de 1607
Libro primero de cabildos de la villa de San Miguel de Ibarra

Introducción

La presente revisión bibliográfica apunta a la descripción y el análisis de las fiestas más representativas, practicadas en los pueblos y ciudades de la América española, que se fundaron en los dos siglos posteriores a la conquista, bajo el dominio español. En estos pueblos y ciudades se creó un ente gubernamental, administrativo, político y económico conformado por un grupo de personas con cargos específicos –alcaldes, alguacil mayor, regidores, escribano, alférez real, procurador- que se ocupaba de administrar la justicia y ordenar lo conducente al pro común (Bayle, 1952, 101) el cual se llamó cabildo castellano. A partir de las actas capitulares de dichos cabildos, donde se registraba los diferentes acontecimientos que acaecían en el municipio, tenemos información sobre las diferentes fiestas tanto de carácter profano como religioso que se realizaban en éstos.

Al ser el cabildo una institución del orden español dominante, las fiestas que allí se registran como relevantes son principalmente aquellas que consolidan y legitiman precisamente esta dominación. Por lo tanto las fiestas que analizaremos fueron introducidas por los españoles tras la fundación de municipios, en donde los cabildos se encargaron de planearlas, organizarlas y perpetuarlas.

Estas fiestas llevadas a cabo bajo la tutoría y supervisión de los cabildos no solamente involucraban a españoles y criollos. Eran de carácter público. Como tal eran un escenario donde los diferentes grupos sociales y étnicos interactuaban, sin embargo existían unas normas específicas, que precisamente trataban de ordenar la sociedad en su totalidad bajo los parámetros impuestos por el gobierno español. Este escenario teatral en cierta forma, donde diversos personajes entran en escena y ponen en juego sus propios discursos, ritos, cultos, etc, hacen de la fiesta un espacio de investigación propicio para abordar el pasado de las comunidades coloniales y los procesos de cambio a los cuales estuvieron expuestas.

Sin embargo, al emprender un estudio sobre las fiestas en un universo tan vasto como lo fue la América española, los alcances al parecer no irán más allá de la generalidad, escapándose las particularidades presentadas en determinados espacios locales. Pero a cambio tenemos una visión de la importancia y las implicaciones que representaron dichas fiestas. Tanto así, que aún hoy en día, en muchos pueblos de América latina se continúan celebrando.

Hasta ahora hemos hablado un poco de la fiesta como mecanismo de integración social y como su legalidad estaba en manos del cabildo. Pero no hemos hablado de las fiestas que vamos a tomar para realizar esta revisión y por supuesto su consecuente reflexión.

La primer fiesta que abordaremos es la del paseo del pendón. Se llevaba la gala entre todas las civiles y considerábasela la fiesta de la ciudad por excelencia: era el aniversario de su fundación y donde se reconocía la fidelidad al soberano. (Bayle 1952,661) El carácter normativo de esta fiesta y su función social para el gobierno español era tan importante que incluso el Emperador por Cédula del 28 de mayo de 1530 (ley de recopilación, lib III, título 15, ley 56) decretó: “En las ciudades de las Indias es costumbre usada y guardada sacar nuestro Pendón Real las vísperas y días señalados de cada un año...”

En segunda instancia abordaremos las fiestas que tienen que ver con los lutos reales. En ellas veremos una serie de normas que buscan reafirmar la lealtad que se tiene al soberano, así no sea real, pero que pretende consolidar la subordinación. El luto de un rey conlleva la proclamación del sucesor como nuevo rey, y por lo tanto la perpetuación del sistema. Aquí hay un factor muy interesante para el análisis, pues si bien el rey era la máxima autoridad política, era una figura imaginada. Su poder se manifestaba a través de sus delegados y de las instituciones que mantenían el orden español. Las luchas y pugnas sociales se libraban en primera instancia contra estos delegados y contra estas instituciones. Además el rey era una figura en las sociedad colonial con un imaginario muy representativo, recordemos aquella consigna “viva el rey, abajo el mal gobierno” . En contraposición o como método de comparación miraremos las diferentes fiestas con ocasión de los recibimientos de los virreyes, gobernadores y obispos, figuras reales que al fin y al cabo participaban de la vida cotidiana de las comunidades presencialmente. Aquí analizaremos las diferentes tensiones que se creaban entre la comunidad y estos personajes, vislumbradas a través de la fiesta y su desarrollo.

En tercera instancia miraremos las procesiones, que entran dentro del ámbito religioso. El problema al que nos enfrentamos es la fuerte religiosidad de los pueblos componentes de la sociedad hispanoamericana. . Donde por una parte están los españoles con un exacerbado espíritu religioso a raíz de su reciente lucha contra los moros, los esclavos africanos poseedores de unos cultos particulares, y los indígenas imbuidos de un contexto cosmogónico. (Patiño1992, 243).

A continuación nos adentraremos en una manifestación que acompañó un buen número de fiestas en prácticamente toda la América española. Nos referimos a los toros. El problema interesante es que si bien su introducción, desde la escenografía hasta su práctica es propiamente española, su apropiación se dio en todas las clases y niveles de la sociedad colonial, obviamente con sus excepciones (algunas de ellas por parte de grupos eclesiásticos). Además es una fuerte tradición que ha llegado hasta nuestros días como un espectáculo que es toda una empresa y al que asisten como en la sociedad colonial una gran diversidad de grupos y clases sociales.

Todo esto a grandes rasgos nos servirá para analizar el problema de la fiesta ya dilucidado tanto en esta introducción como en el título mismo. Es decir qué papel jugo la fiesta colonial (bajo el sistema del cabildo castellano) en la construcción de la sociedad de entonces. Cómo se manifestaron los diversos repertorios culturales de los diferentes grupos en contacto. Cómo algunos de estos repertorios se superpusieron y cómo algunos de ellos formaron parte integral de la construcción más adelante, en la era republicana de las diferentes naciones latinoamericanas. Esta reflexión sin lugar a dudas toma por ejemplo nuestro país, el conocimiento que nosotros como autores tenemos de una serie de fiestas practicadas actualmente en los pueblos y algunas ciudades donde todavía se mantienen fiestas populares de gran escala donde se intenta integrar a toda la comunidad.

Sin embargo antes de continuar con la descripción y el análisis del tema que nos hemos propuesto, es necesario hacer una evaluación, teniendo en cuenta los límites y alcances, de las fuentes que nos han servido en esta revisión bibliográfica . Nuestra fuente de primera mano, la obra los cabildos seculares en la América española de Constantino Bayle, se basa en gran medida en las actas capitulares y libros de cabildo de doce poblaciones coloniales. Si bien es un número muy reducido de sitios, su alcance para entender el mecanismo global del sistema de gobierno español y la vida cotidiana en las estas poblaciones coloniales no es irrelevante. La política española fue difundida en todos los territorios conquistados y su normatividad pretendía ser universal. Además no podemos dejar de lado que la constitución de muchas ciudades y poblados después de la conquista se basó en modelos imitativos de la ciudad española. Sin embargo las descripciones del autor son literales, más claramente en el proceso de traducción que hizo de estas fuentes para presentar su estudio, no examinó los documentos a la luz de un análisis crítico. Problemas como quién escribe, porqué, para quién, no se tuvieron en cuenta. Sin lugar a dudas no era el propósito fundamental, pero como primera medida, es decir en la presentación recopilada de una serie de datos tanto de la vida capitular como de la organización de los municipios bajo la constitución del cabildo castellano, es un estudio interesante a partir del cual tenemos unas bases descriptivas para acercarnos a la comprensión de la sociedad colonial.

Nuestras fuentes de segunda mano, la obra Historia de la cultura material en la América equinoccial de Víctor Manual Patiño, si bien es un estudio que intenta abarcar todas las diferentes manifestaciones materiales de la vida en este lugar del continente, precisamente por su intención, no aborda los temas y sus diferentes manifestaciones con profundidad. Pero su riqueza radica en el planteamiento de problemas de investigación. Es un libro que contiene una pléyade de ideas, que merecen ser trabajadas. En esta medida sirve como una guía, de lo que se conoce muy someramente sobre los diferentes temas, en nuestro caso las fiestas religiosas y profanas. En cierta forma es un intento de organizar lo que se conoce materialmente de los diferentes temas que aborda el autor, pero además contiene muchas citas de problemas y dinámicas planteadas por otros autores que vale la pena discutir a la luz de nuevos trabajos etnohistóricos.

Por otra parte en el artículo de Pablo Rodríguez “Los toros de la colonia: fiesta de integración de todas las clases neogranadinas” consignado en la Revista Credencial de Historia )Bogotá Colombia) tomo III, enero-diciembre 1992, se hace un recorrido histórico por esta fiesta condensando magníficamente las circunstancias que tuvieron lugar, desde su introducción después de la conquista hasta el S.XVII. Este breve relato histórico también hace hincapié en la función integradora de esta fiesta en la sociedad colonial. Toca aspectos fundamentales tanto en su descripción como en su análisis. Además se centra con ejemplos particulares de ciudades como Santa Fé, Popayán, Medellín y Cali. Conjuga muy bien a nuestro parecer el carácter general de esta fiesta con su representación particular en el contexto colonial del espacio que después vendría a configurarse como la nación colombiana.

3 comentarios:

Camilo dijo...

Quedamos a la expectativa de lo que será el desarrollo de este tema apasionante que muestra nuestra idiosincrasia y arroja luces sobre un periodo del cual se suele tener una visión estática.

Jaime dijo...

Un trabajo, muy detallado y laborioso. Es importante ver no solo la importancia de dichas fiestas, en la época descrita; sino las incidencias que estas han tenido en el actual vivir.

Gracias.

Patricia dijo...

Estas fiestas fueron tan importantes y de gran significado en su época, que han logrado la incidencia de ellas en culturas como la nuestra, quienes hoy en día siguen con esta tradición, dándole otro panorama y perfeccionándolas un poco.