sábado, 9 de junio de 2007

Matar, Rematar y Contramatar

Por Santiago Bogoya.
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Matar, rematar y contramatar

Maria Victoria Uribe

De nuestra imagen muerta

En Colombia, cuando llega el sutil canto de la muerte; dejando escuchar el último grito de la vida, de lo hecho, ¿Se respira en el aire? ¿Se lee en cada vitrina de esquina? ¿Se persigue entre las pasiones violentas que se extienden sobre nuestro horizonte como una sábana? ¿Es el miedo? ¿La verdad? ¿La inevitable fatalidad de una historia macabra?

Este libro analiza los procesos sociales violentos desencadenados en Colombia en los espacios temporales, políticos y sociales, desarrollados a partir y desde la llamada época de “La Violencia”, término genérico con el cual nuestros historiadores han determinado a la insurrección popular rural que se generó a partir de la muerte de Jorge Eliécer Gaitán. La investigación se concentra en una de las más sangrientas manifestaciones de esta violencia que fueron las masacres colectivas producidas en el departamento del Tolima, donde generalmente los masacrados fueron de campesinos indefensos.

El texto se divide en tres partes esenciales:

Las circunstancias históricas. Una contextualizacion del periodo de estudio (1948-1964). Primero desde la perspectiva nacional, haciendo una caracterización de las elites políticas centrales de la época; los fraccionamientos internos dentro de las mismas, el país político que se crea a través de ellas, las imágenes que cada partido tiene frente al otro. Después desde una identidad regional, que es el Tolima, identificando la geografía del conflicto para después hacer una cronología de la violencia que se presento fraccionada en tres periodos:

La violencia de los conservadores (1948-1953) donde al principio, tras la muerte de J. E. Gaitán, en el mandato del conservador de Mariano Ospina Pérez, se presenta una asonada liberal en el departamento, lo cual genera una reacción por parte de los conservadores que se alían con la policía política conocida popularmente como chulavita, para perseguir a los liberales. Generando el surgimiento de las guerrillas liberales (como grupos que buscaban protegerse de la violencia conservadora) de dos tipos: los limpios que ven a los conservadores como su único enemigo, y los comunes, liberales influenciados por el partido comunista, donde se encontraran los futuros fundadores de las FARC, como Manuel Marulanda Vélez y los hermanos Guaracas.

Seguidamente viene la violencia de los militares (1953-1957) donde la política gubernamental de paz es la amnistía de las guerrillas liberales. Después de un pequeño proceso donde se entregan algunas guerrillas, nacen grupos de cuadrillas de conservadores tales como lo contrachusmeros y los patriotas que persiguen a estos grupos desmovilizados. Así mismo, nace una ley donde se prohíbe el comunismo en Colombia, por lo cual estos grupos identificados como contraestatales, insurgentes, ilegales, y todo suerte de adjetivos que veremos aparecer en los discursos políticos de toda la segunda mitad del siglo veinte, serán perseguidos desde entonces. En este periodo nacen los pájaros: matones conservadores a sueldo.

Por último está la violencia del frente nacional (1958-1964, que irradiará en adelante el siglo veinte) donde la principal chispa de violencia son las políticas de los gobernadores, casi como señores feudales donde el valor de la vida es un bien del cual creen disponer a diestra y siniestra. Pero momento donde se cerrará la participación política distinta, diversa, y que irradiará la injusticia, la inequidad y la maquinaria presente hasta nuestros días en términos de representación y participación política.

La segunda parte trata sobre las características culturales que se evidencian dentro del pueblo campesino, que son los que básicamente ponen los muertos por parte de los bandos en el enfrentamiento bipartidista. Con este contexto asoma la pregunta principal de la autora.

Ante todo, ella quiere saber, en nombre de quién o de qué, las cuadrillas de bandoleros asesinaban a grupos de personas iguales o parecidos a ellos, y cuya identidad política les era contraria, parecida o desconocida. Después, quiere despojarse de toda visión patológica o política que influya en su estudio, esto quiere decir que no verá el problema desde el bipartidismo, ni tampoco desde los instintos a veces un poco dementes que se generan dentro de nuestro ser.

Lo interesante es que estos campesinos en sí, comparten prácticas socioculturales determinadas dentro de un mismo marco geográfico. El rojo o el azul, no es mas que una complementación de la razón de ser. La razón básica, por la cual se propaga esta violencia, la autora se la acredita a la venganza: esos lazos que se forman a través de la sangre derramada que la memoria tiene muy presente, y que se fracciona en una lucha de partidos según la historiografía, pero que culturalmente plantea un análisis que debe ir más allá de los colores, ahondando en las condiciones históricas y sociales, que permiten la cultura en la cual se construye el país y se desarrolla durante el siglo diecinueve y veinte.

A su vez, el estudio muestra que la identidad política campesina, por lo general, se manifestaba sólo en los diferentes encuentros violentos. Según un testimonio que se recopila en el texto y la investigación, los espacios donde hubo masacres fue donde los bandos convivían agrupadamente, porque era el escenario preciso para los enfrentamientos. Dato escabroso que nos muestra que gente que compartía una serie de características contextuales, y gente que era vecina, se mató entre sí.

El tercer capitulo se dedica a las masacres. Primero a su distribución regional y a la frecuencia anual de las mismas. Después analiza las fases de la masacre, preliminar, liminar y postliminar. Por úlltimo mira e ilustra las formas de mutilaciones que se presentaron dentro de la época de estudio. De hecho la parte mas impactante del libro.

Texto de tendencia antropológica sin dejar de ser histórico. En donde se visualizan la persuasión, la mitificación, la venganza, el miedo, y el ciclo violento que llevamos en nuestra memoria, porque todos somos participes del conflicto, el cual pareciese renacer, cuando existen dos estados, dos formas de vida, de poder, que fraccionan al país al mismo tiempo. Es ese país político el cual J. E. Gaitán diferenciaba del país nacional, del pueblo, donde se vive en carne y hueso la realidad, donde las utopías se confunden con las lágrimas, de nuestros idealistas (ales). En un paralelo con el primer párrafo, no somos ajenos a las prácticas sociales anormales que elabora nuestra sociedad. Como dice la autora el primer paso para su comprensión es acercarnos a ellas. Y que valiosos documentos, que revitalizan nuestra historia y nuestros conflictos, ante la problemática actual, que no es una cosa de unos pocos años sino al parecer de la larga lucha de la consolidación de un país desde sus albores, y el punto de reflexión contemporánea que sea capaz de reencausar nuestros caminos como sociedad colombiana.

6 comentarios:

Patricia dijo...

Este suceso, es un vivo ejemplo de que las guerras no tienen ningún sentido, que se pelea por cosas que no llevan a si ningun objetivo, y que se trae consigo miles de muertes, triste y dolor....
La guerra entre liberales y conservadores, es como hoy en día la guerra entre los hinchas de los equipos de Futbol.

Yo pienso, que estas son cosas, de libre expresiòn y cada uno puede pertenecer a la bando que se siempre y cuando se respeten las ideas y convicciones del otro....

ETOILE dijo...

…Definitivamente uno es muy ignorante en la vida..!!
El presente que vivimos, toda la violencia, todas las muertes, e injusticias no pasan por que si; hay muchas razones, muy trascendentales que vienen de años atrás, de generaciones; venganzas tras venganzas.. problemas realmente grandes y muy complejos, muy difíciles de solucionar hablando. En muchas ocasiones la única solución o alternativa medio viable es acabar con la vida de las personas que no están de acuerdo con sus opiniones, ideales o estilos de vida..

Andrés C. dijo...

En relación al comentario de Etoile, no se si no lo haya entendido bien, pero a mi parecer, etoile justifica las guerras y la muerte...

Porque no sé, pero no estoy para nada de acuerdo, ningun conflicto, o problema, es justificación para que se desencaden guerras que acaban con mas vidas, y creo que hablando si se solucionan los problemas....

Jaime dijo...

Tenáz...Sobre todo el pensar que estamos prácticamente en una guerra civil hace más de 50 años!!!!...Yo me pregunto a qué se deberá esto....?? Es posible que pare totalmente??? O nunca terminará...Y nos tocará como lo hemos hecho generación tras generación, acostumbrarnos....O será que es esa costumbre la que no nos deja??

Viviana dijo...

El libro de María Victoria Uribe, muestra las escalofriantes masacres que se llevaron acabo entre 1948 y 1964 en la zona rural del Tolima. Lo más interesante, es el "ritual" entorno a la muerte del enemigo. Un disparo para matarlo, un machetazo para rematarlo y una mutilación para contramatarlo. Las mutilaciones, así, se convertían en una ruptura real y simbólica del cuerpo, según la autora.

Soul-blues dijo...

Alguien me puede colaborar a conceguir alguna copia del libro?
si es asi por favor escriban en el mismo foro o si es aquie en bgta llamar a este numero: 313360282
Gracias..