sábado, 23 de junio de 2007

El Jugador: La Tragedia de la Mentira

Por Santiago Bogoya.
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El jugador: representación en miniatura de la tragedia de la mentira

I

Hoy quiero hablar del programa de televisión “El jugador”. Considero que a través de su carácter de concurso y por sus modos de operación, construye simbólicamente una actitud y legítima una forma de actuar, que es determinante en la agenda pública y en la construcción de una identidad, al establecer mecanismos de comportamientos reconocidos, esperados, propiciados, en las relaciones entre los individuos, y éstos con la sociedad, en nuestro país, indicando y reconociendo formas “bien vistas” de conducirse en socialmente.

La filosofía del programa se enmarca dentro del sofisma. Por una parte el concurso se vende (como negocio) como la capacidad que tienen los colombianos por medio del “carretazo” de engañar a otros colombianos. ¿Con qué fin? Ganar dinero mintiendo. ¿Algún parecido con la corrupción? Por otra parte, o el segundo sofisma, consiste en hacer creer a la gente que en el programa se gana cuando se “caña”. Las presentadoras constantemente repiten que el buen jugador es aquel que más caña. Pero en general (si bien existen algunos casos extremos, que publicitan con mayor ahínco) los concursantes que ganan son personas que contestan una parte importante de las preguntas correctamente. Es decir, que uno puede “cañar” en algún momento, pero esto no le va a salvar eternamente del desconocimiento que tenga frente a otros jugadores. Sin embargo el juego nunca se vende como “si usted sabe mucho venga, demuestre y gane” que es generalmente lo que ocurre, sino “si usted es capaz de mentir, como tanto político colombiano, este es su lugar”. Incluso se puede promocionar como “si usted alguna vez quiso ser político en Colombia participe en el jugador” o como la otra cara de la moneda, deberían hacer el programa con toda la gente del congreso y el gobierno, para medir sus “buenas” habilidades en el concurso de la política.

Socialmente, el programa intenta representar todos los segmentos de la población, desde la edad, el género, el sector laboral, la educación, las zonas geográficas (con lo cual puede atraer audiencias representativas, puesto que la gente puede identificarse como un colombiano más que puede o pudo estar allí). Sin embargo, este intento se ve limitado en tanto que aparentemente es “democrático”, la diferencia es objeto de polémica. Se utiliza la individualidad, y por lo tanto la expresión de la rica diversidad cultural colombiana, no como un pilar sobre el que se construya la sociedad, sino como un elemento de confrontación, donde el “otro” no es respetado sino rechazado. En las propagandas que promocionan el programa, las personas aparecen insultándose, burlándose. Los contenidos más allá de las preguntas de conocimiento memorístico puntual, están basados en esta representación de los actores como segmentos del país donde la opinión está sujeta a la controversia y no al acuerdo, mediada por el engaño y la desconfianza, explicitada en las formas narrativas estético-expresivas, con las cuales se conduce el programa.

En conclusión, el programa en su conjunto: su filosofía, el contenido, el estilo, las temáticas, la opinión, y su mercado, se fundamenta sobre la proposición de una sociedad mentirosa, que usa el engaño para pasar por encima de los otros, sin construir valores ciudadanos compartidos.

II

La tele se convirtió en la institución social y cultural más importante de nuestras sociedades (Rincón, 2001:12) Es indudable negarlo como ver en la televisión “procesos culturales en cuanto articuladores de las prácticas de comunicación –hegemónicas y subalternas- con los movimientos sociales” (Martín-Barbero, 1987: 178), que evidencian identidades que se crean a la luz de la cultura. ¿Qué se entiende por cultura? Académicamente ha contado con múltiples acepciones, que conllevan a agregar adjetivos que delimiten el concepto. Por claridad y contundencia tomo la definición de la RAE, donde cultura es definida como “Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico, y conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.” En términos generales, (más allá de las nociones de popular, aristocrática, de élite) apunta a la serie de estrategias (en todos los ámbitos de la vida social) creadas y utilizadas por los seres humanos en el ejercicio de su existencia (por eso proviene de cultivo, de cultivar). Esto indudablemente genera identidades, es decir, diferenciaciones que permiten reconocer los límites donde comienza el “otro”. El problema surge, en una sociedad que históricamente (y ahora constitucionalmente) ha estado atravesada por diferentes grupos culturales que implican diversas estrategias de supervivencia y luchas entre sí, donde el poder ha sido fundamento de subordinación. Ante el panorama nacional, en el orden de un acuerdo social, se redefine la identidad y la cultura, tanto en términos nacionales como históricos. Ante esa conciencia de una organización social que está imbricada en la diversidad, el planteamiento fundamental, es que la cultura como la he caracterizado, se construye socialmente. Por lo tanto estamos construyendo nuestra cultura con las acciones a las que nos vemos abocados en nuestra vida. Entonces ¿Qué cultura queremos? ¿Cuáles estrategias se perpetuarán en el ejercicio de la existencia? ¿La mentira, la verdad, el actuar con valores humanos que respeten y enaltezcan la humanidad en todos los seres y ante todo en la responsabilidad de los individuos con la sociedad?

La agenda pública y los comportamientos sociales de este país, más allá de las temáticas que se propongan en el plano de la discusión y el acuerdo social, implican ante todo una actitud frente a los temas. Es decir, una forma de comportamiento que permite el desarrollo de estas temáticas en términos de poder. ¿Hacia donde se quiere llevar? ¿En beneficio de quién? ¿Quién tendrá el conocimiento? ¿Cómo se llevará a cabo el ejercicio del mismo? ¿Quién serán subordinados y subordinadores? Si de lo que se trata es de entorpecer toda discusión. o de mantener el status del poder a partir del engaño social, el programa cae como anillo al dedo, evidenciando el reflejo de una actitud profundamente arraigada culturalmente: “La televisión como institución, cultura e industria, hay que saberla interpretar… más desde su papel de espejo social que refleja la cultura que la produce” (Rincón, 2001: 23) Pues pone en circulación, lo que afianza en términos culturales, ver como bueno y legítimo el uso de la mentira para ascender en la vida social. La pregunta fundamental es ¿si para continuar el trasegar del país se debe conocer la verdad, o se debe pugnar por acuerdos donde lo confuso y la incertidumbre sean la expresión?

La corrupción y la impunidad, son temas eternos en nuestro país. Frente a un proceso paramilitar que ha nublado el ejercicio del poder, donde el poder de las armas legitima la acción política, y frente a una negociación de paz, donde lo que se quiere es conocer la verdad, la gente implicada que propició, fomentó y tuvo nexos con el paramilitarismo, tanto en el sector político como económico, programas como éste, solamente nos dejan un sinsabor. Pues presenta la mentira como parte fundamental de la vida colombiana. Ya estamos hartos de mentiras. Pero en el plano televisivo se pone de relieve este valor como un factor positivo para encontrar la “felicidad”. Sociológicamente, el poder de quien no quiere la verdad, de quién quiere controlar la sociedad gracias el desconocimiento de los procesos, está vigilante, permitiendo que se fortalezcan valores (como la mentira) en la sociedad como legítimos y en este caso hegemónicos. Las decisiones en el país deben tomarse con todo el conocimiento del caso necesario. No puede ser con un conocimiento a medias. Que bueno sería que los concursantes dijeran la verdad sobre cuanto dinero tienen, así todos se llevarían dinero a sus casas porque sabrían cuándo salir. Pero así no se quiere que funciona el país, así no se quiere que funcione la vida social. Se fomenta una sociedad donde prevalece la mentira más allá del conocimiento. ¿Para qué la educación, si con la mentira puede tumbar a alguien, falsificar un diploma y entrar en un cargo público, robar al estado poniendo más ceros en la cuenta de lo que en verdad son?

Y fundamentalmente continuando con el último punto expuesto, la falta de acuerdos sociales que involucren comunidades en donde todos los integrantes se beneficien del proceso social, sigue legitimando la construcción de una sociedad inequitativa, desigual y antidemocrática, donde lo que importa es el individuo ante todo, bañándose en tinas de oro, mientras los otros ciudadanos siguen jodidos. Se controla así la vigilancia sobre la población y la toma de decisiones, basadas en las desigualdades, que permiten en el plano de la vida social mantener las relaciones subordinantes, donde la mentira se convierte en el eje fundamental que articula las relaciones sociales. Esto puede ser trasladado a todos los ámbitos, por ejemplo al no entregar al trabajador lo que realmente vale su trabajo, al educar malamente a los sectores marginados, al impedir la participación política de las minorías, y al justificar el engaño como el medio de conseguir riqueza (evadir impuestos, hacer fraudes, etc.)

Bibliografía

Martín-Barbero, Jesús. (1987) De los medios a las mediaciones. Ediciones G. Gili. México

Rincón, Omar. (2001) “La televisión: lo más importante de lo menos importante” en Televisión pública: del consumidor al ciudadano. Omar Rincón (Compilador). Convenio Andrés Bello. Bogotá

Http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=cultura

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Es la pura verdad...La TV aunque a veces no nos damos cuenta influye conciente e inconcientemente...Obligándonos a actuar con determinados patrones de conducta que finalmente, nos van a llevar a hacer o dejar hacer muchas cosas...Que con esta TV tan pésima...necesariamente nos lleva a actuar en contra de unos valores y una ética lógica....Porque no es algo del otro mundo, es lo que indica la razón y la lógica....Los invito a que vean un documental de Michael Moore llamado Bowling for Columbine...El cual muestra claramente la influencia de la TV en USA...Generando así una violencia y personas dementes que en ningún lugar del mundo de vé...

Gracias.

Anónimo dijo...

Desafortunadamente es esta también una de las duras realidades de colombia.

La TV colombiana se ha convertido en una guerra constante entre los canales de mayor audiencia, lo cual ha llevado a sacar al aire programas para nada institucionales, y de verdad que diviertan sanamente a la gente.

Programas que insitan a la mentira, y la deshonestidad, no ayudan a la educación, al contrario contibuyen a generar mas violencia.

Pero algo que definitivamente me tiene super indignada es programas como: DECIR LA VERDAD, esto es algo que va encontra de la dignidad y moral de cualquier ser humano, como por dinero la gente se vende, sin importar que salgan a flote verdades totalmente degradantes y que afectan la vida de otros ser humanos... hasta donde hemos llegado... Pero lo que mas me sorprende como presentadores de tanto profesionalismo, que son admirados por muchos, y considerados como los mejores del país se prestan para esta clase de cosas... Si estos son los mejores, como serán los peores...?

Anónimo dijo...

Celebro el hecho de dar un punto de vista contundente con referencias bibliográficas acerca de un programa de televisión que no contribuye a enaltecer al otro por ser otro, sino que lo maltrata y se burla sin reparo alguno. La dimensión de valorar al otro, respetarlo, me parece clave. La otra dimensión de legitimar un proceso de "fraude", el "cañar" lo percibo como negativo por no promover valores fundamentales como honestidad y conocimiento x conocimiento.

Anónimo dijo...

"En conclusión, el programa en su conjunto: su filosofía, el contenido, el estilo, las temáticas, la opinión, y su mercado, se fundamenta sobre la proposición de una sociedad mentirosa, que usa el engaño para pasar por encima de los otros, sin construir valores ciudadanos compartidos."

Que paranoico, eso es lo que usted ve. Su contextualización es completamente erronea, o si no vea
http://www.fremantlemedia.com/our-programmes/view/Game+Shows/viewprogramme/Poker+Face

Que usted quiera interpretar las cosas del concurso de una manera y acomodarlas a la 'realidad del pais' es otra cosa. ¿o será que los de FremantleMedia pensaron en nosotros cuando crearon el jugador?

Ahora, según http://www.todotv.tv/scripts/templates/estilo_nota.asp?nota=contenidos/formatos/2007febrero/fremantle01f

"El programa obtuvo un rating average de 28,7 puntos de rating para total hogares y estuvo 67% por encima de su primer competidor Caracol que transmitía “Caracol Noticias” y “Las profesionales a su servicio”, según reporte de Ibope. “El Jugador” aumentó el nivel de audiencia durante su transmisión en 53% y llegó a picos de 32,6 puntos de rating y 52% de share.

...

“Poker Face” tuvo su estreno en Inglaterra el 10 de Julio del 2006 y se posicionó en el primer lugar del Top 20 con un share de 30% para Televidentes 4+, de acuerdo a la medición de BARB/TNS. En 2 años desde su lanzamiento el formato ha sido vendido en 11 países para su adaptación local incluyendo Australia, Eslovaquia, Colombia, Dinamarca, Alemania, Hungría, Noruega, Polonia, Portugal, Rusia y Suecia.
“El Jugador” es producido por Teleset para RCN en Colombia y es distribuido a nivel mundial por FremantleMedia."

y el Rating es solo eso Rating.