miércoles, 5 de septiembre de 2007

Ráfaga

Por Patricia Chacón.
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Lo veo sentado en el piso recostado sobre la pared, con una mirada desconsoladora, sus ojos están llenos de lágrimas, su espalda le duele como si hubiera caído sobre él una casa entera, no comprende que esta pasando, la incertidumbre se apodera de él, aún es un niño, no acaba de cumplir siete años. Su mente se pierde entre grandes palabras que no entiende, gritos que cada vez son más fuertes; en la calle la gente escucha, se acumula, pero no se hace nada. Él llora, llora mucho, quiere salir pero el miedo invalida sus piernas, sus ojos perdieron su esencia y su color, los gritos continúan, no cesan, el tiempo no es suficiente.

Él la ve a ella, ve en sus ojos su corazón, un corazón adolorido, cansado y débil.

Es un mundo diferente a juegos de carros, de muñecas y entre amigos, un mundo donde el frió congela los huesos y apaga el fuego de la chimenea, un mundo de muchos pero a la vez de tan solo unos pocos, un mundo injusto, donde ni él, ni ella, ni ellos, decidieron vivir, un mundo donde la noche es temerosa, donde se espera que no llegue, un mundo donde el regalo de navidad es tan solo una embriaguez, un mundo que el no decidió vivir, pero que al igual que ella, y a ellos; les toco vivir.

Lo veo con sus piernas encogidas y sus brazos rodeándolas, entre el llanto y los gritos, su mente solo le pide a Dios que lo ayude, un Dios que no da señales, pidiendo entonces con clemencia que la luz aparezca. Después de unos minutos todo parece calmarse, y sus ojos se cierran por unas cuantas horas, hasta que la luz del sol brilla en el tejado de su casa; todo pareció un sueño, o más que un sueño una pesadilla, una pesadilla hecha realidad, que se repite diariamente, una cruda realidad, que encasilla su mente y su corazón en soledad.

Nadie repite palabra alguna, todos son entes dominados, él, ella, y ellos sienten el vacío, cada uno sabe lo que hizo y dejo de hacer. Más de una conciencia se arrepiente, por dejar partir la semilla que aún no florecía, más de uno pide ser perdonado porque han hecho de aquel viejo joven, un hombre instintivo, que supongo también siente y es consciente de la cruda realidad que esta desatando, y causando en aquel niño, en ella y ellos, una tristeza que ni el agua calmara.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Un poema muy sentido,que tan solo una persona sensible lo puede escribir

Anónimo dijo...

"Sus ojos perdieron su esencia y su color, los gritos continúan, no cesan, el tiempo no es suficiente."

La esencia y el brillo se puede perder en un momento difícil, pero la vida es tan sabia y divina, que nos trae otras alegrías y recompensas mucho más valiosas.

Gracias.

Anónimo dijo...

Que buen escrito, bastante conmovedor. Es triste saber que la realidad de miles de personas no es afortunada. Es ahí cuando nos damos cuenta de cuan afortunados somos.

A veces nos estresamos por cosas tan irrelevantes, que no nos damos cuenta que lo tenemos todo, todo! Y que realmente ahí que sonreír, por que afuera hay personas que están llorando de hambre en ese mismo instante, en ese mismo segundo, en que nosotros lo tenemos todo, hay miles de personas que no tienen nada.