domingo, 13 de julio de 2008

Encuentro Uribe - Chávez: En busca del tiempo perdido

Tomado del Blog ColombiaHoy el 11 Julio de 2008

Hoy se reúnen en el estado Falcón, al noreste de Venezuela, los presidentes Hugo Chávez y Álvaro Uribe, de Colombia, después de un periodo que podría calificarse como uno de los peores para las relaciones bilaterales en casi 200 años de vida republicana. La última vez que se reunieron fue el 31 de agosto del año pasado en Bogotá. Desde ese día hasta hoy ha corrido mucho agua bajo del puente y la de hoy es una reunión radicalmente diferente a la de aquél día.

Uribe y Chávez: dos proyectos opuestos

Para comprender la reunión de hoy debemos recordar en primer término que se trata de dos líderes que representan proyectos políticos antagónicos. Chávez lidera el “socialismo del siglo XXI” y está perfectamente insertado en una corriente de izquierda que gobierna varios países de América Latina. Uribe es el principal aliado de los EE.UU. en su esfuerzo por contener la corriente “izquierdista”, cuyo proyecto político gira alrededor del concepto de “seguridad democrática”, un producto que en su esencia ya conoció la región con la etiqueta de “seguridad nacional”.

Entre el 2002 y el 2007 ambos mandatarios hicieron un gran esfuerzo por anteponer las relaciones de vecindad a las diferencias políticas e ideológicas evidentes. Recordemos cómo, por ejemplo, la reunión de cancilleres del 15 de junio de 2006 sirvió para relanzar las relaciones después de varios meses de altibajos en torno al retiro de Venezuela de la CAN. En aquella oportunidad el pretexto del acercamiento fue el anuncio de la construcción de un gasoducto entre los dos países.

El conflicto colombiano se proyecta en las relaciones bilaterales

Sin embargo, el conflicto colombiano y las distintas visiones alrededor del mismo terminaron por saltar al escenario binacional, lo cual llevó inevitablemente a que las diferencias entre Chávez y Uribe fueran subiendo de tono.

Dos factores determinaron que la temperatura de las relaciones fuera subiendo como en una caldera. En primer lugar la ofensiva internacional de Uribe para conseguir un reconocimiento sobre el carácter de terroristas de las FARC, amparado en sendos pronunciamientos hechos en tal sentido por la Unión Europea y los Estados Unidos, y en las realidades geopolíticas post 9-11. Chávez, como otros gobiernos de la región, se negó a dar ese calificativo al grupo armado argumentando cierto grado de neutralidad frente al conflicto colombiano.

El segundo factor, fue la afinidad ideológica entre el proyecto político chavista y algunos postulados de las FARC, que se expresaron en consignas bolivarianas, socialistas, nacionalistas y antiimperialistas. Esa convergencia generó la percepción en el gobierno y la opinión pública colombiana de que existía alguna forma de cooperación entre el gobierno de Chávez y las FARC.

La cita de Bogotá

Con estos antecedentes básicos se reunieron los presidentes en Bogotá en agosto de 2007. Adicionalmente, recordemos que Uribe tenía una fuerte presión nacional e internacional para avanzar en la concreción de un acuerdo humanitario con las FARC que permitiera la liberación de un numeroso grupo de rehenes, dentro del que se encontraban Ingrid Betancourt, tres contratistas estadounidenses del Pentágono, así como miembros de las fuerzas armadas de Colombia.

La reunión de Bogotá se convocó formalmente para relanzar la rica agenda bilateral, pero el plato principal era la invitación que Uribe haría a Chávez para que sirviera como facilitador ante las FARC en la liberación de los rehenes. Uribe no solamente le pidió a Chávez el favor de que le ayudara a convencer a las FARC de liberar a los rehenes, sino que promovió la vinculación de la senadora liberal Piedad Córdoba en las gestiones que se adelantarían a partir de ese momento.

A las pocas semanas Chávez recibió en Miraflores al delegado de las FARC, tal como se había acordado con Uribe, y comienza a ejercer lo que a los ojos del gobierno colombiano era un protagonismo creciente y preocupante en el cumplimiento de la misión encomendada.

Vista la situación en perspectiva, no podía ser de otra manera, dado su carácter de jefe de Estado y su propio temperamento. Es difícil aceptar en este momento que Uribe se hubiera sorprendido con el despliegue mediático de Chávez, a no ser que la decisión fuera el resultado de la improvisación del gobierno colombiano o de una estratagema que requería superar dicha etapa.

Ruptura del papel de Chávez

En noviembre Uribe revoca la misión entregada a Chávez, en un tono y con unas formas que a los ojos del gobierno venezolano no se compadecían con su carácter de jefe de Estado y de auxiliador de Uribe en la liberación de los secuestrados. La razón del gobierno colombiano fueron los contactos telefónicos de Chávez con altos oficiales de las fuerzas militares colombianas, por fuera de lo que se consideraron como los conductos regulares.

Para el gobierno colombiano la crisis se desata cuando Chávez comienza a salirse del libreto que Uribe pretendió imponer a Chávez. Para éste, cuando Uribe lo saca de la fiesta por la puerta de atrás.

A partir de ese momento las relaciones entre los dos países quedan deterioradas. Muchos analistas se preguntaron entonces, por qué Uribe involucró a Chávez en un tema tan sensible de la política interna colombiana y por qué rompió el proceso de forma tan abrupta.

Con Chávez fuera del proceso, desde el punto de vista formal, las FARC toman la decisión de seguir adelante y entregar un grupo de rehenes a éste y a Piedad Córdoba. Chávez, Piedad y las FARC siguen adelante en la liberación de los rehenes.

Pruebas de vida y liberaciones para Chávez

A principios de diciembre los servicios de inteligencia colombianos interceptan las pruebas de vida que las FARC habían prometido a Chávez, y que este estaba esperando en vísperas de la ruptura de Uribe, entre las cuales se encuentran fotografías que muestran las penosas condiciones de los cautivos y algunas cartas de los secuestrados para sus familias. La carta de Ingrid Betancourt, por ejemplo, la muestra en un estado de deterioro físico y psicológico, al igual que el resto de sus compañeros.

A principios de enero las FARC liberan unilateralmente a Emmanuel, Clara Rojas y Consuelo Perdomo y los entregan al gobierno de Venezuela “como desagravio” por la salida abrupta de Chávez del proceso.

El 17 de enero la Asamblea de Venezuela en pleno reconoce oficialmente un estatus político a las FARC por petición del Presidente Chávez. Este movimiento hace presentir en Colombia que Chávez camina hacia el reconocimiento del estado de beligerancia a las FARC.

El 27 de febrero las FARC ponen en libertad con la mediación de Chávez a los ex congresistas Gloria Polanco, Luis Eladio Pérez, Jorge Eduardo Gechem y Orlando Beltrán Cuellar. El grupo guerrillero anuncia que no habrá más liberaciones unilaterales a menos que se desmilitaricen por 45 días los municipios de Florida y Pradera.

Las FARC aprovechó dichas liberaciones como una oportunidad de mostrar una cierta figuración política en medio del desgaste político y militar infringido por la administración Uribe. También le permitieron a las FARC mantener una cierta credibilidad ante Venezuela y Francia, y por ese conducto ante la comunidad internacional. Credibilidad en términos de una voluntad para acceder a una negociación directamente con el gobierno colombiano en Pradera y Florida.

Crisis colombo-venezolana

En la madrugada del primero de marzo, las fuerzas militares colombianas bombardean en territorio ecuatoriano el campamento del número dos de las FARC, Raúl Reyes, dándole muerte a él y a otras 17 personas que se encontraban en el campamento, entre ellos dos estudiantes mexicanos.

Ese evento fue el desencadenante de la crisis que ya se estaba madurando. El 2 de marzo Chávez cierra la Embajada de Venezuela en Bogotá, envía diez batallones a la frontera y advierte a Uribe que si intenta un acto similar en territorio venezolano ese será motivo de guerra entre ambos países.

En plena crisis, el 4 de marzo el gobierno colombiano anuncia que denunciará a Chávez ante la Corte Penal Internacional por “patrocinio y financiación de genocidas”. El 6 de marzo Chávez advierte sobre la nacionalización de empresas colombianas en Venezuela.

Al día siguiente, el 7 de marzo, en la Cumbre del Grupo de Río en República Dominicana, Chávez presenta nuevas pruebas de vida de seis rehenes de las FARC. Al final de la Cumbre Uribe y Chávez dan un paso hacia la superación de la crisis y estrechan sus manos.

El 8 de marzo Chávez hace un llamado a Manuel Marulanda, jefe de las FARC, para que libere a Ingrid Betancourt.

El 10 de marzo los diplomáticos venezolanos retornan a Bogota. El 13 de marzo Chávez y Uribe conversan telefónicamente y acuerdan continuar el proceso de normalización de relaciones. Se anuncia una próxima reunión entre los presidentes.

El 25 de mayo el ministro de defensa colombiano informa que Marulanda murió en marzo pasado. El 2 de julio el ejército colombiano rescata a Betancourt, tres estadounidenses y once militares colombianos.

¿Qué sigue para las relaciones bilaterales?

La reunión del 11 de julio tiene como propósito formal la presentación de un proyecto para construir un ferrocarril entre los dos países. Igualmente se espera algún pronunciamiento venezolano sobre el cierre de importaciones a los vehículos fabricados en Colombia.

Lo de fondo es la normalización de las relaciones políticas y diplomáticas. Y allí el tema del conflicto colombiano y las FARC sigue gravitando sobre las relaciones entre los dos países.

La reunión de hoy es radicalmente diferente de la de 2007 en diferentes sentidos:

Entre marzo y julio de este año el conflicto colombiano dio un giro dramático. La administración Uribe propinó golpes militares y políticos contundentes a las FARC.

Uribe cuenta con un gran capital político en los planos nacional e internacional. Los golpes a las FARC le han servido para ocultar temporalmente varios escándalos políticos. La economía colombiana está entrando en una fase de desaceleración.

El respaldo interno de Chávez pasa por uno de sus peores momentos. Internacionalmente su aura parece estar en declive aunque, al mismo tiempo, los precios del petróleo siguen bordeando los 145 dólares por barril.

Existen indicios de que Chávez quiere insistir en jugar algún papel en la entrega unilateral de rehenes por parte de las FARC. Sin embargo, recientemente dio unas declaraciones donde le quitó su respaldo a la lucha armada de las FARC. Su papel en la política colombiana se reducirá en el futuro cercano por cuenta del agotamiento de su papel, tanto frente a Colombia como frente a la comunidad internacional.

Colombia valora el comercio binacional y el mercado venezolano resulta estratégico, máxime ahora que el Tratado de Libre Comercio con EE.UU se encuentra en el limbo y que existen síntomas de desaceleración de la economía.

Es posible que en este momento Uribe y Chávez estén en condiciones de restablecer las relaciones sobre la base de un mayor respeto mutuo y de un reconocimiento de las complementariedades existentes entre los dos países



1 comentario:

etoile dijo...

Es una situación muy complicada, a ninguno de los dos les conviene tener malas relaciones con sus vecinos..
Los dos tienen sus intereses y estos son afectados directamente por sus colegas..así que a nadie le conviene pelear..
Quien sabe si la operación del rescate fue tan “perfecta” tal vez eso ya estaba arreglado y todo fue manipulado por los medios..
Ya que liberaron Ingrid ojala que no se olviden de los demas secuestrados..