miércoles 30 de enero de 2008

La Biblia

Por Etoile Plata.
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Estaba pensando en que libro leer. Hablé con varias personas, en varios lugares, leí introducciones de diferentes libros, investigué sobre distintos autores yvarios libros hasta que por fin encontré el libro perfecto; la Biblia.

La Biblia (del griego, τα βιβλία, que significa "los libros"), es el conjunto de libros canónicos del judaísmo y del cristianismo.

Es la recopilación de muchos documentos separados (llamados "libros"), escritos primero en hebreo, arameo y griego durante un periodo considerable de tiempo y después reunidos para formar la Biblia Hebrea ( Antiguo Testamento para los cristianos) y luego el Nuevo Testamento. Ambos testamentos forman la Biblia cristiana. La Biblia fue escrita a lo largo de aproximadamente 1000 años (900 adC - 100 dC). Los textos más antiguos se encuentran en el Libro de Jueces ("Canto de Deborah")

El Antiguo Testamento narra principalmente la historia de los hebreos; el Nuevo Testamento la vida, muerte y resurrección de Jesús, su mensaje y la historia de los primeros cristianos.

Durante los siguientes posts estaré contándoles acerca de los libros del Antiguo testamento y posteriormente del nuevo testamento.

Algunos de los libros del antiguo testamento de los cuales hablare son:

  1. Génesis
  2. Éxodo
  3. Levítico
  4. Números
  5. Deuteronomio
  6. Josué
  7. Jueces
  8. I Samuel
  9. II Samuel
  10. I Reyes
  11. II Reyes
  12. I Crónicas
  13. II Crónicas
  14. Esdras
  15. Nehemías
  16. Rut
  17. Tobit
  18. Judit
  19. Ester
  20. I Macabeos
  21. II Macabeos
  22. Isaías
  23. Jeremías
  24. Ezequiel
  25. Daniel
  26. Oseas
  27. Joel
  28. Amós
  29. Abdías
  30. Jonás
  31. Miqueas
  32. Nahúm
  33. Habacuc
  34. Sofonías
  35. Ageo
  36. Zacarías
  37. Malaquías
  38. Baruc
  39. Salmos
  40. Cantar de los Cantares
  41. Lamentaciones
  42. Job
  43. Proverbios
  44. Eclesiastés
  45. Sabiduría
  46. Sirácida

Algunos de los libros del nuevo testamento de los cuales hablare son :

1. Evangelio de Mateo
2. Evangelio de Marcos
3. Evangelio de Lucas
4. Evangelio de Juan
5. Hechos de los apóstoles
6. Epístola a los romanos
7. Primera epístola a los corintios
8. Segunda epístola a los corintios
9. Epístola a los gálatas
10. Epístola a los efesios
11. Epístola a los filipenses
12. Epístola a los colosenses
13. Primera epístola a los tesalonicenses
14. Segunda epístola a los tesalonicenses
15. Primera epístola a Timoteo
16. Segunda epístola a Timoteo
17. Epístola a Tito
18. Epístola a Filemón
19. Epístola a los hebreos
20. Epístola de Santiago
21. Primera epístola de San Pedro
22.Segunda epístola de San Pedro
23. Primera epístola de San Juan
24. Segunda epístola de San Juan
25. Tercera epístola de San Juan
26. Epístola de San Judas
27. Apocalipsis de San Juan

lunes 28 de enero de 2008

Napoleón Bonaparte

Tomado de http://www.biografiasyvidas.com/monografia/napoleon/

Napoleón nació el 15 de agosto de 1769 en Ajaccio, capital de la actual Córcega, en una familia numerosa de ocho hermanos, la familia Bonaparte o, con su apellido italianizado, Buonaparte. Cinco de ellos eran varones: José, Napoleón, Lucien, Luis y Jerónimo. Las niñas eran Elisa, Paulina y Carolina. Al amparo de la grandeza de Napolione -así lo llamaban en su idioma vernáculo-, todos iban a acumular honores, riqueza, fama y a permitirse asimismo mil locuras. La madre, María Leticia Ramolino, era una mujer de notable personalidad, a la que Stendhal eligió por su carácter firme y ardiente.

Carlos María Bonaparte, el padre, siempre con agobios económicos por sus inciertos tanteos en la abogacía, sobrellevados gracias a la posesión de algunas tierras, demostró tener pocas aptitudes para la vida práctica. Sus dificultades se agravaron al tomar partido por la causa nacionalista de Córcega frente a su nueva metrópoli, Francia; congregados en torno a un héroe nacional, Paoli, los isleños la defendieron con las armas. A tenor de las derrotas de Paoli y la persecución de su bando, la madre de Napoleón tuvo que arrostrar durante sus primeros alumbramientos las incidencias penosas de las huidas por la abrupta isla; de sus trece hijos, sólo sobrevivieron aquellos ocho. Sojuzgada la revuelta, el gobernador francés, conde de Marbeuf, jugó la carta de atraerse a las familias patricias de la isla. Carlos Bonaparte, que religaba sus ínfulas de pertenencia a la pequeña nobleza con unos antepasados en Toscana, aprovechó la oportunidad, viajó con una recomendación de Marbeuf hacia la metrópoli para acreditarlas y logró que sus dos hijos mayores entraran en calidad de becarios en el Colegio de Autun.

Los méritos escolares de Napoleón en matemáticas, a las que fue muy aficionado y que llegaron a constituir una especie de segunda naturaleza para él -de gran utilidad para su futura especialidad castrense, la artillería-, facilitaron su ingreso en la Escuela Militar de Brienne. De allí salió a los diecisiete años con el nombramiento de subteniente y un destino de guarnición en la ciudad de Valence.

Juventud revolucionaria

A poco sobrevino el fallecimiento del padre y, por este motivo, el traslado a Córcega y la baja temporal en el servicio activo. Su agitada etapa juvenil discurrió entre idas y venidas a Francia, nuevos acantonamientos con la tropa, esta vez en Auxonne, la vorágine de la Revolución, cuyas explosiones violentas conoció durante una estancia en París, y los conflictos independentistas de Córcega. En el agitado enfrentamiento de las banderías insulares, Napoleón se creó enemigos irreconciliables, entre ellos el mismo Paoli, al romper éste con la Convención republicana y decantarse el joven oficial por las facciones afrancesadas. La desconfianza hacia los paolistas en la familia Bonaparte se fue trocando en furiosa animadversión. Napoleón se alzó mediante intrigas con la jefatura de la milicia y quiso ametrallar a sus adversarios en las calles de Ajaccio. Pero fracasó y tuvo que huir con los suyos, para escapar al incendio de su casa y a una muerte casi segura a manos de sus enfurecidos compatriotas.

Instalado con su familia en Marsella, malvivió entre grandes penurias económicas que a veces les situaron al borde de la miseria; el horizonte de las disponibilidades familiares solía terminar en las casas de empeños, pero los Bonaparte no carecían de coraje ni recursos. María Leticia, la madre, se convirtió en amante de un comerciante acomodado Clary, el hermano José se casó con una hija de éste, Marie Julie, si bien el noviazgo de Napoleón con otra hija, Désirée, no prosperó. Con todo, las estrecheces sólo empezaron a remitir cuando un hermano de Robespierre, Agustín, le deparó su protección. Consiguió reincorporarse a filas con el grado de capitán y adquirió un amplio renombre con ocasión del asedio de Tolón, en 1793, al sofocar una sublevación contrarrevolucionaria apoyada por los ingleses; el plan de asalto propuesto a unos inexperimentados generales fue suyo, la ejecución también y el éxito infalible.

En reconocimiento a sus méritos fue ascendido a general de brigada, se le destinó a la comandancia general de artillería en el ejército de Italia y viajó en misión especial a Génova. Esos contactos con los Robespierre estuvieron a punto de serle fatales al caer el Terror jacobino, el 9 Termidor, y verse encarcelado por un tiempo en la fortaleza de Antibes, mientras se dilucidaba su sospechosa filiación. Liberado por mediación de otro corso, el comisario de la Convención Salicetti, el joven Napoleón, con veinticuatro años y sin oficio ni beneficio, volvió a empezar en París, como si partiera de cero.

Encontró un hueco en la sección topográfica del Departamento de Operaciones. Además de las tareas propiamente técnicas, entre mapas, informes y secretos militares, esta oficina posibilitaba el acceso a las altas autoridades civiles que la supervisaban. Y a través de éstas, a los salones donde las maquinaciones políticas y las especulaciones financieras, en el turbio esplendor que había sucedido al implacable moralismo de Robespierre, se entremezclaban con las lides amorosas y la nostalgia por los usos del Antiguo Régimen.

Allí encontró a la refinada Josefina Tascher de la Pagerie, de reputación tan brillante como equívoca, quien colmó también su vacío sentimental. Era una dama criolla oriunda de la Martinica, que tenía dos hijos, Hortensia y Eugenio, y cuyo primer marido, el vizconde y general de Beauharnais, había sido guillotinado por los jacobinos. Mucho más tarde Napoleón, que declaraba no haber sentido un afecto profundo por nada ni por nadie, confesaría haber amado apasionadamente en su juventud a Josefina, que le llevaba unos cinco años. Entre sus amantes se contaba Barras, el hombre fuerte del Directorio surgido con la nueva Constitución republicana de 1795, quien por entonces andaba a la búsqueda de una espada, según su expresión literal, a la que manejar convenientemente para el repliegue conservador de la república y hurtarlo a las continuas tentativas de golpe de estado de realistas, jacobinos y radicales igualitarios. La elección de Napoleón fue precipitada por una de las temibles insurrecciones de las masas populares de París, al finalizar 1795, a la que se sumaron los monárquicos con sus propios fines desestabilizadores. Encargado de reprimirla, Napoleón realizó una operación de cerco y aniquilamiento a cañonazos que dejó la capital anegada en sangre. La Convención se había salvado.

Asegurada la tranquilidad interior por el momento, Barras le encomendó en 1796 dirigir la guerra en uno de los frentes republicanos más desasistidos el de Italia, contra los austríacos y piamonteses. Unos días antes de su partida se casó con Josefina en ceremonia civil, pero en su ausencia no pudo evitar que ella volviera a entregarse a Barras y a otros miembros del círculo gubernamental. Celoso y atormentado, terminó por reclamarla imperiosamente a su lado, en el mismo escenario de batalla.

Militar exitoso

Aquel general de veintisiete años transformó unos cuerpos de hombres desarrapados hambrientos y desmoralizados en una formidable máquina bélica que trituró el Piamonte en menos de dos semanas y repelió a los austríacos más allá de los Alpes, de victoria en victoria. Sus campañas de Italia pasarían a ser materia obligada de estudio en las academias militares durante innúmeras promociones. Tanto o más significativas que sus victorias aplastantes en Lodi, en 1796, en Arcole y Rívoli, en 1797, fue su reorganización política de la península italiana, que llevó a cabo refundiendo las divisiones seculares y los viejos estados en repúblicas de nuevo cuño dependientes de Francia. El rayo de la guerra se revelaba simultáneamente como el genio de la paz. Lo más inquietante era el carácter autónomo de su gestión: hacía y deshacía conforme a sus propios criterios y no según las orientaciones de París. El Directorio comenzó a irritarse. Cuando Austria se vio forzada a pedir la paz en 1797, ya no era posible un control estricto sobre un caudillo alzado a la categoría de héroe legendario.

Napoleón mostraba una amenazadora propensión a ser la espada que ejecuta, el gobierno que administra y la cabeza que planifica y dirige, tres personas en una misma naturaleza de inigualada eficacia. Por ello, el Directorio columbró la posibilidad de alejar esa amenaza aceptando su plan de cortar las rutas vitales del poderío británico -las del Mediterráneo y la India- con una expedición a Egipto. Así, el 19 de mayo de 1798 embarcaba rumbo a Alejandría, y dos meses después, en la batalla de las pirámides, dispersaba a la casta de guerreros mercenarios que explotaban el país en nombre de Turquía, los mamelucos, para internarse luego en el desierto sirio. Pero todas sus posibilidades de éxito se vieron colapsadas por la destrucción de la escuadra francesa en Abukir por Nelson, el émulo inglés de Napoleón en los escenarios navales.

El revés lo dejó aislado y consumiéndose de impaciencia ante las fragmentarias noticias que recibía de Europa. Allí la segunda coalición de las potencias monárquicas había recobrado las conquistas de Italia y la política interior francesa hervía de conjuras y candidatos a asaltar un Estado en el que la única fuerza estabilizadora que restaba era el ejército. Por fin se decidió a regresar a Francia en el primer barco que pudo sustraerse al bloqueo de Nelson, recaló de paso en su isla natal y nadie se atrevió a juzgarle por deserción y abandono de sus tropas, mientras subía otra vez de Córcega a París, ahora como héroe indiscutido.

Primer Cónsul

En pocas semanas organizó el golpe de estado del 18 Brumario (según la nueva nomenclatura republicana del calendario: el 9 de noviembre) con la colaboración de su hermano Luciano, el cual le ayudó a disolver la Asamblea Legislativa del Consejo de los Quinientos en la que figuraba como presidente. Era el año de 1799. El golpe barrió al Directorio, a su antiguo protector Barras, a las cámaras a los últimos clubes revolucionarios, a todos los poderes existentes e instauró el Consulado: un gobierno provisional compartido en teoría por tres titulares, pero en realidad cobertura de su dictadura absoluta, sancionada por la nueva Constitución napoleónica del año 1800.

Aprobada bajo la consigna de «la Revolución ha terminado», la nueva Constitución restablecía el sufragio universal que había recortado la oligarquía termidoriana, sucesora de Robespierre. En la práctica, calculados mecanismos institucionales cegaban los cauces efectivos de participación real a los electores, a cambio de darles la libertad de que le ratificasen en entusiásticos plebiscitos. El que validó su ascensión a primer cónsul al cesar la provisionalidad, arrojó menos de dos mil votos negativos entre varios millones de papeletas. Pero Napoleón no se contentó con alargar luego esta dignidad a una duración de diez años, sino que en 1802 la convirtió en vitalicia. Era poco todavía para el gran advenedizo que embriagaba a Francia de triunfos después de haber destruido militarmente a la segunda coalición en Marengo, y emprendía una deslumbrante reconstrucción interna.

Napoleón, Emperador

La heterogénea oposición a su gobierno fue desmantelada mediante drásticas represiones a derecha e izquierda, a raíz de fallidos atentados contra su persona; el ejemplo más amedrentador fue el secuestro y ejecución de un príncipe emparentado con los Borbones depuestos, el duque de Enghien, el 20 de marzo de 1804. El corolario de este proceso fue el ofrecimiento que le hizo el Senado al día siguiente de la corona imperial. La ceremonia de coronación se llevó a cabo el 2 de diciembre en Notre Dame, con la asistencia del papa Pío VII, aunque Napoleón se ciñó la corona a sí mismo y después la impuso a Josefina; el pontífice se limitó a pedir que celebrasen un matrimonio religioso, en un sencillo acto que se ocultó celosamente al público. Una nueva Constitución el mismo año afirmó aún más su autoridad omnímoda.

La historia del Imperio es una recapitulación de sus victorias sobre las monarquías europeas, aliadas en repetidas coaliciones contra Francia y promovidas en último término por la diplomacia y el oro ingleses. En la batalla de Austerlitz, de 1805, abatió la tercera coalición; en la de Jena, de 1806, anonadó al poderoso reino prusiano y pudo reorganizar todo el mapa de Alemania en la Confederación del Rin, mientras que los rusos eran contenidos en Friendland, en 1807. Al reincidir Austria en la quinta coalición, volvió a destrozarla en Wagram en 1809.

Nada podía resistirse a su instrumento de choque, la Grande Armée (el 'Gran Ejército'), y a su mando operativo, que, en sus propias palabras, equivalía a otro ejército invencible. Cientos de miles de cadáveres de todos los bandos pavimentaron estas glorias guerreras. Cientos de miles de soldados supervivientes y sus bien adiestrados funcionarios, esparcieron por Europa los principios de la Revolución francesa. En todas partes los derechos feudales eran abolidos junto con los mil particularismos económicos, aduaneros y corporativos; se creaba un mercado único interior, se implantaba la igualdad jurídica y política según el modelo del Código Civil francés, al que dio nombre -el Código Napoleón, matriz de los derechos occidentales, excepción hecha de los anglosajones-; se secularizaban los bienes eclesiásticos; se establecía una administración centralizada y uniforme y la libertad de cultos y de religión, o la libertad de no tener ninguna. Con estas y otras medidas se reemplazaban las desigualdades feudales -basadas en el privilegio y el nacimiento- por las desigualdades burguesas -fundadas en el dinero y la situación en el orden productivo-.

La obra napoleónica, que liberó fundamentalmente la fuerza de trabajo, es el sello de la victoria de la burguesía y puede resumirse en una de sus frases: «Si hubiera dispuesto de tiempo, muy pronto hubiese formado un solo pueblo, y cada uno, al viajar por todas partes, siempre se habría hallado en su patria común». Esta temprana visión unitarista de Europa, quizá la clave de la fascinación que ha ejercido su figura sobre tan diversas corrientes historiográficas y culturales, ignoraba las peculiaridades nacionales en una uniformidad supeditada por lo demás a la égida imperialista de Francia. Así, una serie de principados y reinos férreamente sujetos, mero glacis defensivo en las fronteras, fueron adjudicados a sus hermanos y generales. El excluido fue Luciano Bonaparte, a resultas de una prolongada ruptura fraternal.

A las numerosas infidelidades conyugales de Josefina durante sus campañas, por lo menos hasta los días de la ascensión al trono, apenas había correspondido Napoleón con algunas aventuras fugaces. Éstas se trocaron en una relación de corte muy distinto al encontrar en 1806 a la condesa polaca María Walewska, en una guerra contra los rusos; intermitente, pero largamente mantenido el amor con la condesa, satisfizo una de las ambiciones napoleónicas, tener un hijo, León. Esta ansia de paternidad y de rematar su obra con una legitimidad dinástica se asoció a sus cálculos políticos para empujarle a divorciarse de Josefina y solicitar a una archiduquesa austriaca, María Luisa, emparentada con uno de los linajes más antiguos del continente.

Sin otro especial relieve que su estirpe, esta princesa cumplió lo que se esperaba del enlace, al dar a luz en 1811 a Napoleón II -de corta y desvaída existencia, pues murió en 1832-, proclamado por su padre en sus dos sucesivas abdicaciones, pero que nunca llegó a reinar. Con el tiempo, María Luisa proporcionó al emperador una secreta amargura al no compartir su caída, ya que regresó al lado de sus progenitores, los Habsburgo, con su hijo, y en la corte vienesa se hizo amante de un general austriaco, Neipperg, con quien contrajo matrimonio en segundas nupcias a la muerte de Napoleón.

El ocaso

El año de su matrimonio con María Luisa, 1810, pareció señalar el cenit napoleónico. Los únicos Estados que todavía quedaban a resguardo eran Rusia y Gran Bretaña, cuya hegemonía marítima había sentado de una vez por todas Nelson en Trafalgar, arruinando los proyectos mejor concebidos del emperador. Contra esta última había ensayado el bloqueo continental, cerrando los puertos y rutas europeos a las manufacturas británicas. Era una guerra comercial perdida de antemano, donde todas las trincheras se mostraban inútiles ante el activísimo contrabando y el hecho de que la industria europea aún estuviese en mantillas respecto de la británica y fuera incapaz de surtir la demanda. Colapsada la circulación comercial, Napoleón se perfiló ante Europa como el gran estorbo económico, sobre todo cuando las mutuas represalias se extendieron a los países neutrales.

El bloqueo continental también condujo en 1808 a invadir Portugal, el satélite británico, y su llave de paso, España. Los Borbones españoles fueron desalojados del trono en beneficio de su hermano José, y la dinastía portuguesa huyó a Brasil. Ambos pueblos se levantaron en armas y comenzaron una doble guerra de Independencia que los dejaría destrozados para muchas décadas, pero fijaron y diezmaron a una parte de la Grande Armée en una agotadora lucha de guerrillas que se extendió hasta 1814, doblada en las batallas a campo abierto por un moderno ejército enviado por Gran Bretaña.

La otra parte del ejército, en la que había enrolado a contingentes de las diversas nacionalidades vencidas, fue tragada por las inmensidades rusas. En la campaña de 1812 contra el zar Alejandro I, Napoleón llegó hasta Moscú, pero en la obligada retirada perecieron casi medio millón de hombres entre el frío y el hielo del invierno ruso, el hambre y el continuo hostigamiento del enemigo. Toda Europa se levantó entonces contra el dominio napoleónico, y el sentimiento nacional de los pueblos se rebeló dando soporte al desquite de las monarquías; hasta en Francia, fatigada de la interminable tensión bélica y de una creciente opresión, la burguesía resolvió desembarazarse de su amo.

La batalla resolutoria de esta nueva coalición, la sexta, se libró en Leipzig en 1813, la «batalla de las Naciones», una de las grandes y raras derrotas de Napoleón. Fue el prólogo de la invasión de Francia, la entrada de los aliados en París y la abdicación del emperador en Fontainebleau, en abril de 1814, forzada por sus mismos generales. Las potencias vencedoras le concedieron la soberanía plena sobre la minúscula isla italiana de Elba y restablecieron en su lugar a los Borbones, arrojados por la Revolución, en la figura de Luis XVIII.

Su estancia en Elba, suavizada por los cuidados familiares de su madre y la visita de María Walewska, fue comparable a la de un león enjaulado. Tenía cuarenta y cinco años y todavía se sentía capaz de hacer frente a Europa. Los errores de los Borbones, que a pesar del largo exilio no se resignaban a pactar con la burguesía, y el descontento del pueblo le dieron ocasión para actuar. Desembarcó en Francia con sólo un millar de hombres y, sin disparar un solo tiro, en un nuevo baño triunfal de multitudes, volvió a hacerse con el poder en París.

Pero fue completamente derrotado en junio de 1815 por los vigilantes Estados europeos -que no habían depuesto las armas, atentos a una posible revigorización francesa- en Waterloo y puesto nuevamente en la disyuntiva de abdicar. Así concluyó su segundo período imperial, que por su corta duración se ha llamado de los Cien Días (de marzo a junio de 1815). Se entregó a los ingleses, que le deportaron a un perdido islote africano, Santa Elena, donde sucumbió lentamente a las iniquidades de un tétrico carcelero, Hudson Lowe. Antes de morir, el 5 de mayo de 1821, escribió unas memorias, el Memorial de Santa Elena, en las que se describió a sí mismo tal como deseaba que le viese la posteridad. Ésta aún no se ha puesto de acuerdo sobre su personalidad mezcla singular del bronco espadón cuartelero, el estadista, el visionario, el aventurero y el héroe de la antigüedad obsesionado por la gloria.

viernes 25 de enero de 2008

MIRANDOTE

Por Camilo Bogoya.
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martes 22 de enero de 2008

Un Arte Milenario en Bogotá

Tomado de http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2008/01/19/nosotros/NOS-03.html


Go, el juego más antiguo. Fernando Aguilar es uno de los pocos occidentales que se ha destacado internacionalmente en el Go, un juego chino de más de 4 mil años de existencia. En Oriente es considerado una de las cuatro artes clásicas, junto a la pintura, la música y la caligrafía.

El Go es un juego chino, un arte milenario cuya existencia data desde hace, por lo menos, 4000 años. Con un origen tan remoto, ninguna de las teorías existentes acerca de su origen está probada. Lo cierto es que en Oriente es un juego "clásico", al punto de ser considerado una de las cuatro artes clásicas, junto a la pintura, la música y la caligrafía.

El ingeniero Fernando Aguilar vive en nuestra ciudad y practica este arte milenario desde que tiene 11 años, cuando aún residía en Buenos Aires. Es uno de los pocos occidentales que ha logrado acceder a las máximas instancias internacionales; todo un referente nacional en la materia, como jugador y como docente.

Reside a metros del Parque del Sur, junto a su familia. Se dedica, desde la ingeniería, al problema del hábitat social; y por Internnet, a enseñar Go.

Simpleza, complejidad y estrategia

El Go es un juego de estrategia, al estilo del ajedrez y las damas, pero sus reglas son más simples, por lo que adquiere mayor complejidad: "Esto hace que la posibilidad de combinaciones sea casi infinita", explicó Fernando Aguilar.

El tablero tiene 19 líneas horizontales y 19 verticales, con un total de 361 puntos. El juego trae una cantidad de piedras (los más tradicionales están hechos de piedras blancas y negras, tal como se las llama en Japón) que se colocan en las intersecciones de las líneas. El Go tiene suficientes piedras como para cubrir todos los puntos: 181 negras y 180 blancas.

"La partida arranca con el tablero vacío. La jugada consiste en colocar una piedra en un punto vacío: comienzan las negras, en una intersección cualquiera; a continuación juega el blanco, que tiene 360 puntos para elegir, y así siguen de forma alternada", detalló Aguilar.

La cantidad posible de combinaciones es 361 x 360 x 359 x 358, etc., y así sucesivamente por la cantidad de jugadas que dura una partida, que puede oscilar entre 250 y 300, aproximadamente.

El número de combinaciones (361 x 360 x 359 x 358, etc.) arroja una cifra que, se calcula, supera la cantidad de átomos del universo: "El número es absolutamente inmanejable, es decir: las partidas de Go son casi infinitas. Por este motivo es prácticamente imposible que se juegue dos veces un mismo juego", precisó.

Rodear Territorios

El Go busca rodear las piedras del adversario o espacios vacíos en el tablero: etimológicamente el nombre significa "el juego del rodeo". Una vez que el adversario está rodeado, se captura la piedra y se la coloca aparte. La otra opción es rodear espacios vacíos, llamados "territorios".

Una partida amistosa puede durar una hora. En los torneos se juega por tiempo y pueden durar 3, 6 ó 16 horas; en las competencias más importantes de Japón se juegan a 8 horas por jugador.

A medida que avanza el tablero se va llenando de piedras, y los territorios empiezan a definirse: "Llega un momento donde queda bastante claro que un sector es del negro, otro del blanco, y ninguno de los dos puede intentar una invasión porque sería fácilmente refutada. De común acuerdo se decide el fin de la partida", explicó Aguilar.

El Go se define por puntos: cada punto de territorio rodeado es un punto, al igual que cada piedra capturada. El que logra reunir mayor cantidad gana.

El Juego en Argentina

En nuestro país, el Go empezó a desarrollarse en Buenos Aires, de la mano del ingeniero Hilario Fernández Long, rector de la UBA en la época la "noche de los bastones largos". En la década del '70, aprendió el Go de unos amigos y empezó a enseñarlo, mediante cursos que daba en el Centro Argentino de Ingenieros, de donde surge el grupo fundador de la Asociación Argentina de Go (www.go.org.ar).

"Hilario era mi tío -contó Fernando-. Nos enseñó a jugar Go a mi papá y a mi. Así empezamos: con un libro y jugando. Luego comenzamos a participar de los torneos que organizaba la Asociación. En esa época el juego tuvo un pequeño boom. La Asociación Argentina de Go contaba con 500 socios en Buenos Aires, pero después se redujo notablemente durante el proceso militar".

En década del 90 resurgió. Actualmente existe un centenar de jugadores que practican asiduamente el Go en nuestro país, incluso en Santa Fe.

Categorías Kyu

En el Go existe un sistema similar al de las artes marciales, las categorías Kyu: desde 25 Kyu (alguien que recién empieza) hasta 1er. Kyu. Quien llega a esta instancia pasa a ser 1 DAN, equivalente al cinturón negro de las artes marciales. Y de aquí va subiendo en la escala.

Los jugadores amateur llegan hasta 7 u 8 DAN. Desde los 6 DAN amateur, un jugador puede hacer la carrera profesional, pasando a integrar el circuito regulado por las asociaciones Japonesa de Go o la de Kansai. Estas tienen ligas internas para aspirantes a profesionales. En ambos casos se reciben de 1 DAN profesional, equivalente a 7 DAN amateur. De allí se sube hasta 9 DAN, la categoría máxima de los profesionales.

Fernando Aguilar es 7 DAN amateur. "A los occidentales nos cuesta equipararlos con los orientales -dice-, y creo que esto tiene que ver con que ellos cuentan con un acervo cultural milenario que hace que jueguen naturalmente, mientras que nosotros lo tenemos que aprender trabajosamente".

Más que un Juego

Uno de los nombres metafóricos del Go es shudan, término japonés que se traduce como "conversación de mano". Para dar una idea de la profundidad y sutileza del Go, dos jugadores que no hablen el mismo idioma pueden entablar, sin embargo, una conversación jugando una partida sin articular una sola palabra. Ni siquiera es necesario hacerlo para convenir que la partida está finalizada: el Go termina por mutuo acuerdo.

Una leyenda china dice que el emperador Yao inventó el Go para instruir a su hijo Dan Zhu. Otra dice que fue el emperador Shun, quien viendo tan estúpido Shang Jun, inventó el Go para instruirlo. Como se desprende de estas leyendas, la educación está vinculada fuertemente al juego desde su origen.

En Oriente consideran que los atributos pedagógicos del Go contribuyen a mejorar el desarrollo mental de los niños e, incluso, los resultados académicos. Entre otras cosas, el Go facilita la identificación de lo que es "importante" y lo que no; ayuda a evaluar alternativas; a aplicar y recordar acciones y técnicas; a desarrollar la alternativa adecuada estratégica y tácticamente; a calcular el valor y el riesgo de cada alternativa; y a planificar a largo plazo.

En Japón, saber jugar al Go (a partir de cierto nivel) puntúa en las pruebas de acceso a las Universidades, tanto públicas como privadas, de tal forma que a estos ingresantes se los admite directamente. Lo mismo sucede en Corea, donde existe un proyecto de establecer el Baduk como carrera universitaria en dos casas de altos estudios: la de Kyang Ki y la de Myon Ji (Seúl).

Un Pasado Misterioso

Las Teorías sobre el Origen

Go (o Igo) es el nombre japonés que se impuso en Occidente. En China se lo denomina Wei-ch'i (también escrito Wei Qi, Weiqi o Weiki) y en Corea, Baduk o Patuk. El Go se juega de manera profesional fundamentalmente en estos tres países, donde existen asociaciones y torneos profesionales, y en los últimos años también competencias Internacionales.

Curiosamente, en Occidente no se supo de su existencia hasta la segunda mitad del siglo XX, difusión que se dio progresivamente en la década de 1950 en Europa.

Sin embargo, existen algunas crónicas de misioneros jesuitas que datan del siglo XVII, donde relataban la existencia de un juego, explicaban de qué se trataba, pero no entendían qué era lo que jugaban.

Varias son las teorías que explican el origen del Go. Pero la mayor parte de los escritos chinos citan que el sabio emperador Yao inventó el Wei-chi'i para instruir a su hijo Dan Zhu.

Otra hipótesis sostenida por algunos investigadores indican que el tablero y las piedras habrían sido utilizados inicialmente como instrumentos para una antigua forma de cálculo.

Otra teoría sostiene que pudo haber surgido entre 1134-771 aC., como un juego relacionado con el sistema de reparto de tierras para cultivo entre los agricultores, puesto que con este método denominado "sistema del pozo", la tierra se dividía en zonas cuadriculadas, a semejanza de un tablero de Go.

Otra sostiene que el Go surgió como derivación de algún método de adivinación practicado por reyes, chamanes o astrólogos de la cultura Chou, en la cuenca del río Wei, antiguo corazón de la China. Se cree que uno de estos métodos consistía en el reparto de las piedras blancas y negras en un tablero cuadrado, que representaba la Tierra.

Los Torneos

Historia

En 1979 se jugó el primer campeonato amateur en Japón, que se disputa anualmente hasta hoy. "Yo participé de este torneo gracias a una invitación para dos argentinos. Lo organiza la Federación Internacional de Go, con el auspicio de empresas japonesas, y van 70 jugadores de todo el mundo. Ese año fuimos dos argentinos: yo, que tenía 19 años, y mi compañero, de 11, el más chico del torneo. El más viejo era un japonés de 80", recordó Fernando.

Internet

Juego virtual

En Argentina se juegan torneos desde 1973 y son anuales. Hoy, los jugadores pueden participar vía internet. A nivel internacional, también se disputa el torneo organizado por la Organización Iberoamericana de Go, y otras dos competencias en Japón y Corea.

En Oriente

Gran desarrollo

En Japón hay dos torneos con plazas para Sudamérica. La Copa Fujistu, donde participan profesionales de Japón, China, Corea, Taiwán, Norteamérica y Europa. "Yo participé en algunas ocasiones, lugar que disputamos generalmente con Brasil -explica Aguilar-. Pero profesionales sólo hay en Japón, China, Corea y Taiwán".

La Copa Toyota-Denso se realiza cada dos años y otorga una plaza para Centro y Sudamérica. "Participé en las tres ediciones (2002, 2004 y 2006). En la primera llegué a cuartos de final, en la segunda me tocó jugar con el número 1 del mundo y en el 2006 contra un 9 DAN de Taiwán. Perdí por 2 puntos y medio, o sea, hice un muy buen papel".

Fernando Aguilar participó del campeonato internacional amateur en 1979, 1980, 1982 y 2001. En 1982 obtuvo el 5to. lugar y en 2001, el 9no.

En Síntesis

Palabras Claves

Hay algunos términos que hay que conocer acerca de este juego milenario: Wei-chi es el nombre chino del juego. Baduk, su denominación en Corea. Go o I-Go, su definición en Japón.

En el Tablero

Lajas y Conchillas

El tablero (laja) está compuesto por 19 líneas verticales y 19 horizontales, lo que hace un total de 361 puntos. Se juega con piedras blancas (conchillas de almejas pulidas) y negras (lajas negras pulidas).

domingo 20 de enero de 2008

Galileo Galilei

Tomado de http://www.biografiasyvidas.com/monografia/galileo/


Galileo Galilei nació en Pisa el 15 de febrero de 1564. Lo poco que, a través de algunas cartas, se conoce de su madre, Giulia Ammannati di Pescia, no compone de ella una figura demasiado halagüeña. Su padre, Vincenzo Galilei, era florentino y procedía de una familia que tiempo atrás había sido ilustre; músico de vocación, las dificultades económicas lo habían obligado a dedicarse al comercio, profesión que lo llevó a instalarse en Pisa. Hombre de amplia cultura humanista, fue un intérprete consumado y un compositor y teórico de la música, cuyas obras sobre el tema gozaron de una cierta fama en la época. De él hubo de heredar Galileo no sólo el gusto por la música (tocaba el laúd), sino también el carácter independiente y el espíritu combativo, y hasta puede que el desprecio por la confianza ciega en la autoridad y el gusto por combinar la teoría con la práctica. Galileo fue el primogénito de siete hermanos de los que tres (Virginia, Michelangelo y Livia) hubieron de contribuir, con el tiempo, a incrementar sus problemas económicos. En 1574 la familia se trasladó a Florencia y Galileo fue enviado un tiempo al monasterio de Santa Maria di Vallombrosa, como alumno o quizá como novicio.

Juventud académica

En 1581 Galileo ingresó en la Universidad de Pisa, donde se matriculó como estudiante de medicina por voluntad de su padre. Cuatro años más tarde, sin embargo, abandonó la universidad sin haber obtenido ningún título, aunque con un buen conocimiento de Aristóteles. Entretanto, se había producido un hecho determinante en su vida: su iniciación en las matemáticas, al margen de sus estudios universitarios, y la consiguiente pérdida de interés por su carrera como médico. De vuelta en Florencia en 1585, Galileo pasó unos años dedicado al estudio de las matemáticas, aunque interesado también por la filosofía y la literatura (en la que mostraba sus preferencias por Ariosto frente a Tasso); de esa época data su primer trabajo sobre el baricentro de los cuerpos -que luego recuperaría, en 1638, como apéndice de la que habría de ser su obra científica principal- y la invención de una balanza hidrostática para la determinación de pesos específicos, dos contribuciones situadas en la línea de Arquímedes, a quien Galileo no dudaría en calificar de «sobrehumano».

Tras dar algunas clases particulares de matemáticas en Florencia y en Siena, trató de obtener un empleo regular en las universidades de Bolonia, Padua y en la propia Florencia. En 1589 consiguió por fin una plaza en el Estudio de Pisa, donde su descontento por el paupérrimo sueldo percibido no pudo menos que ponerse de manifiesto en un poema satírico contra la vestimenta académica. En Pisa compuso Galileo un texto sobre el movimiento, que mantuvo inédito, en el cual, dentro aún del marco de la mecánica medieval, criticó las explicaciones aristotélicas de la caída de los cuerpos y del movimiento de los proyectiles; en continuidad con esa crítica, una cierta tradición historiográfica ha forjado la anécdota (hoy generalmente considerada como inverosímil) de Galileo refutando materialmente a Aristóteles mediante el procedimiento de lanzar distintos pesos desde lo alto del Campanile, ante las miradas contrariadas de los peripatéticos...

En 1591 la muerte de su padre significó para Galileo la obligación de responsabilizarse de su familia y atender a la dote de su hermana Virginia. Comenzaron así una serie de dificultades económicas que no harían más que agravarse en los años siguientes; en 1601 hubo de proveer a la dote de su hermana Livia sin la colaboración de su hermano Michelangelo, quien había marchado a Polonia con dinero que Galileo le había prestado y que nunca le devolvió (por el contrario, se estableció más tarde en Alemania, gracias de nuevo a la ayuda de su hermano, y envió luego a vivir con él a toda su familia).

La necesidad de dinero en esa época se vio aumentada por el nacimiento de los tres hijos del propio Galileo: Virginia (1600), Livia (1601) y Vincenzo (1606), habidos de su unión con Marina Gamba, que duró de 1599 a 1610 y con quien no llegó a casarse. Todo ello hizo insuficiente la pequeña mejora conseguida por Galileo en su remuneración al ser elegido, en 1592, para la cátedra de matemáticas de la Universidad de Padua por las autoridades venecianas que la regentaban. Hubo de recurrir a las clases particulares, a los anticipos e, incluso, a los préstamos. Pese a todo, la estancia de Galileo en Padua, que se prolongó hasta 1610, constituyó el período más creativo, intenso y hasta feliz de su vida.

En Padua tuvo ocasión Galileo de ocuparse de cuestiones técnicas como la arquitectura militar, la castrametación, la topografía y otros temas afines de los que trató en sus clases particulares. De entonces datan también diversas invenciones, como la de una máquina para elevar agua, un termoscopio y un procedimiento mecánico de cálculo que expuso en su primera obra impresa: Le operazioni del compasso geometrico e militare, 1606. Diseñado en un principio para resolver un problema práctico de artillería, el instrumento no tardó en ser perfeccionado por Galileo, que amplió su uso en la solución de muchos otros problemas. La utilidad del dispositivo, en un momento en que no se habían introducido todavía los logaritmos, le permitió obtener algunos ingresos mediante su fabricación y comercialización.

En 1602 Galileo reemprendió sus estudios sobre el movimiento, ocupándose del isocronismo del péndulo y del desplazamiento a lo largo de un plano inclinado, con el objeto de establecer cuál era la ley de caída de los graves. Fue entonces, y hasta 1609, cuando desarrolló las ideas que treinta años más tarde, constituirían el núcleo de sus Discorsi.

El mensaje de los astros

En julio de 1609, de visita en Venecia (para solicitar un aumento de sueldo), Galileo tuvo noticia de un nuevo instrumento óptico que un holandés había presentado al príncipe Mauricio de Nassau; se trataba del anteojo, cuya importancia práctica captó Galileo inmediatamente, dedicando sus esfuerzos a mejorarlo hasta hacer de él un verdadero telescopio. Aunque declaró haber conseguido perfeccionar el aparato merced a consideraciones teóricas sobre los principios ópticos que eran su fundamento, lo más probable es que lo hiciera mediante sucesivas tentativas prácticas que, a lo sumo, se apoyaron en algunos razonamientos muy sumarios.

Sea como fuere, su mérito innegable residió en que fue el primero que acertó en extraer del aparato un provecho científico decisivo. En efecto, entre diciembre de 1609 y enero de 1610 Galileo realizó con su telescopio las primeras observaciones de la Luna, interpretando lo que veía como prueba de la existencia en nuestro satélite de montañas y cráteres que demostraban su comunidad de naturaleza con la Tierra; las tesis aristotélicas tradicionales acerca de la perfección del mundo celeste, que exigían la completa esfericidad de los astros, quedaban puestas en entredicho. El descubrimiento de cuatro satélites de Júpiter contradecía, por su parte, el principio de que la Tierra tuviera que ser el centro de todos los movimientos que se produjeran en el cielo. En cuanto al hecho de que Venus presentara fases semejantes a las lunares, que Galileo observó a finales de 1610, le pareció que aportaba una confirmación empírica al sistema heliocéntrico de Copérnico, ya que éste, y no el de Tolomeo, estaba en condiciones de proporcionar una explicación para el fenómeno.

Ansioso de dar a conocer sus descubrimientos, Galileo redactó a toda prisa un breve texto que se publicó en marzo de 1610 y que no tardó en hacerle famoso en toda Europa: el Sidereus Nuncius, el 'mensajero sideral' o 'mensajero de los astros', aunque el título permite también la traducción de 'mensaje', que es el sentido que Galileo, años más tarde, dijo haber tenido en mente cuando se le criticó la arrogancia de atribuirse la condición de embajador celestial.

El libro estaba dedicado al gran duque de Toscana Cósimo II de Médicis y, en su honor los satélites de Júpiter recibían allí el nombre de «planetas Medíceos». Con ello se aseguró Galileo su nombramiento como matemático y filósofo de la corte toscana y la posibilidad de regresar a Florencia, por la que venía luchando desde hacía ya varios años. El empleo incluía una cátedra honoraria en Pisa, sin obligaciones docentes, con lo que se cumplía una esperanza largamente abrigada y que le hizo preferir un monarca absoluto a una república como la veneciana, ya que, como él mismo escribió, «es imposible obtener ningún pago de una república, por espléndida y generosa que pueda ser, que no comporte alguna obligación; ya que, para conseguir algo de lo público, hay que satisfacer al público».

La batalla del copernicanismo

El 1611 un jesuita alemán, Christof Scheiner, había observado las manchas solares publicando bajo seudónimo un libro acerca de las mismas. Por las mismas fechas Galileo, que ya las había observado con anterioridad, las hizo ver a diversos personajes durante su estancia en Roma, con ocasión de un viaje que se calificó de triunfal y que sirvió, entre otras cosas, para que Federico Cesi le hiciera miembro de la Accademia dei Lincei que él mismo había fundado en 1603 y que fue la primera sociedad científica de una importancia perdurable.

Bajo sus auspicios se publicó en 1613 la Istoria e dimostrazione interno alle macchie solari, donde Galileo salía al paso de la interpretación de Scheiner, quien pretendía que las manchas eran un fenómeno extrasolar («estrellas» próximas al Sol, que se interponían entre éste y la Tierra). El texto desencadenó una polémica acerca de la prioridad en el descubrimiento, que se prolongó durante años e hizo del jesuita uno de los más encarnizados enemigos de Galileo, lo cual no dejó de tener consecuencias en el proceso que había de seguirle la Inquisición. Por lo demás, fue allí donde, por primera y única vez, Galileo dio a la imprenta una prueba inequívoca de su adhesión a la astronomía copernicana, que ya había comunicado en una carta a Kepler en 1597.

Ante los ataques de sus adversarios académicos y las primeras muestras de que sus opiniones podían tener consecuencias conflictivas con la autoridad eclesiástica, la postura adoptada por Galileo fue la de defender (en una carta dirigida a mediados de 1615 a Cristina de Lorena) que, aun admitiendo que no podía existir contradicción ninguna entre las Sagradas Escrituras y la ciencia, era preciso establecer la absoluta independencia entre la fe católica y los hechos científicos. Ahora bien, como hizo notar el cardenal Bellarmino, no podía decirse que se dispusiera de una prueba científica concluyente en favor del movimiento de la Tierra, el cual, por otra parte, estaba en contradicción con las enseñanzas bíblicas; en consecuencia, no cabía sino entender el sistema copernicano como hipotético. En este sentido, el Santo Oficio condenó el 23 de febrero de 1616 al sistema copernicano como «falso y opuesto a las Sagradas Escrituras», y Galileo recibió la admonición de no enseñar públicamente las teorías de Copérnico.

Galileo, conocedor de que no poseía la prueba que Bellarmino reclamaba, por más que sus descubrimientos astronómicos no le dejaran lugar a dudas sobre la verdad del copernicanismo, se refugió durante unos años en Florencia en el cálculo de unas tablas de los movimientos de los satélites de Júpiter, con el objeto de establecer un nuevo método para el cálculo de las longitudes en alta mar, método que trató en vano de vender al gobierno español y al holandés.

En 1618 se vio envuelto en una nueva polémica con otro jesuita, Orazio Grassi, a propósito de la naturaleza de los cometas, que dio como resultado un texto, Il Saggiatore (1623), rico en reflexiones acerca de la naturaleza de la ciencia y el método científico, que contiene su famosa idea de que «el Libro de la Naturaleza está escrito en lenguaje matemático». La obra, editada por la Accademia dei Lincei, venía dedicada por ésta al nuevo papa Urbano VIII, es decir, el cardenal Maffeo Barberini, cuya elección como pontífice llenó de júbilo al mundo culto en general y, en particular, a Galileo, a quien el cardenal había ya mostrado su afecto.

La nueva situación animó a Galileo a redactar la gran obra de exposición de la cosmología copernicana que ya había anunciado en 1610: el Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo, tolemaico e copernicano; en ella, los puntos de vista aristotélicos defendidos por Simplicio se confrontaban con los de la nueva astronomía abogados por Salviati, en forma de diálogo moderado por la bona mens de Sagredo. Aunque la obra fracasó en su intento de estar a la altura de las exigencias expresadas por Bellarmino, ya que aportaba, como prueba del movimiento de la Tierra, una explicación falsa de las mareas, la inferioridad de Simplicio ante Salviati era tan manifiesta que el Santo Oficio no dudó en abrirle un proceso a Galileo, pese a que éste había conseguido un imprimatur para publicar el libro en 1632. Iniciado el 12 de abril de 1633, el proceso terminó con la condena a prisión perpetua, pese a la renuncia de Galileo a defenderse y a su retractación formal. La pena fue suavizada al permitírsele que la cumpliera en su quinta de Arcetri, cercana al convento donde en 1616 y con el nombre de sor Maria Celeste había ingresado su hija más querida, Virginia, que falleció en 1634.

En su retiro, donde a la aflicción moral se sumaron las del artritismo y la ceguera, Galileo consiguió completar la última y más importante de sus obras: los Discorsi e dimostrazioni matematiche intorno à due nueve scienze, publicado en Leiden por Luis Elzevir en 1638. En ella, partiendo de la discusión sobre la estructura y la resistencia de los materiales, Galileo sentó las bases físicas y matemáticas para un análisis del movimiento, que le permitió demostrar las leyes de caída de los graves en el vacío y elaborar una teoría completa del disparo de proyectiles. La obra estaba destinada a convertirse en la piedra angular de la ciencia de la mecánica construida por los científicos de la siguiente generación, con Newton a la cabeza.

En la madrugada del 8 al 9 de enero de 1642, Galileo falleció en Arcetri confortado por dos de sus discípulos, Vincenzo Viviani y Evangelista Torricelli, a los cuales se les había permitido convivir con él los últimos años.

sábado 19 de enero de 2008

Frase Célebre - Albert Einstein

"La imaginación es más importante que el conocimiento"

Albert Einstein




miércoles 16 de enero de 2008

Convivencia Vs Desarrollo

Por Estela Bogoya.
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Respecto a la descomposición social que se vive más en las grandes ciudades, como Bogotá; donde el común de sus habitantes por lo general, trabajan a grandes distancias de su lugar de vivienda, soportando el estrés diario de las dificultades en el tráfico. Se sale de la casa en la madrugada, regresando en la noche; el desayuno y el almuerzo no está en el horario diario, se toma cualquier cosa durante el día aumentando las enfermedades: gástricas, nerviosas…Ya que se hace una sola comida en la noche.

Con respecto al compartir familiar; se ha deteriorado ya que pasa la semana y no hay ese compartir familiar con los miembros del mismo, ya que los hijos estudian durante el día y cuando regresan a casa, los padres aún no culminan su jornada laboral, se cruzan los horarios, y el diálogo familiar se deteriora cada vez más, cada miembro gira como rueda suelta, cada miembro sobrevive por su lado, en ésta mole de cemento.

Mientras que la vida en los pueblos, donde todo queda cerca: el trabajo, el estudio, el servicio médico, los bancos. Se lleva una vida más tranquila, se conserva el diálogo permanente de la familia, se disfruta de las comidas en familia, se conserva la salud, hasta las estadísticas sobre la longevidad son las más altas.

Según Manfred Max-Neef “ Estamos viviendo una especie de megacrisis”,donde la descomposición social llega a todos los campos, a todos los rincones de la sociedad, donde la impunidad está a la orden del día, con la situación tan conflictiva en nuestro país de la parapolítica, donde desde el presidente, con todo su gabinete están implicados en una serie de escándalos que crecen como una bola de nieve, montaña abajo, sin poderse detener, porque en su camino se va llevando; ministros, senadores, personas que hasta hace muy poco eran intocables por su fuero político.

Estos desastres de origen humano, superan los causados, por la naturaleza. Ante ésta situación, nos hemos vuelto apáticos, e indolentes, frente a la crisis de nuestro país; al secuestro, a la muerte de tantos ciudadanos, tantos niños que a diario dejan de existir en unas condiciones infrahumanas. ¿ QUÉ ESTAMOS HACIENDO? Nada, dejar pasar las cosas y seguir. Ya se nos hace raro que las noticias no estén colmadas de hechos violentos; que la televisión que vemos con nuestros hijos sea amarillista por naturaleza, donde se resalta la falta de valores en todo sentido, se menosprecia al personaje decente, bien educado, que ha crecido con la conciencia del temor a Dios, en medio de una jauría de lobos atentos a devorarlo al menor descuido.

Nos hemos desarrollado con la premisa de adaptar el entorno, a lo que nosotros consideramos nuestros deseos; destruyendo bosques, selvas, vegetación, fauna. Al punto de que existen muchas especies en vía de extinción, tales como: El oso de anteojos, el tiburón blanco, la ballena azul, el cóndor de los Andes, entre otras.

Para satisfacer nuestro ego; de fabricar las megaciudades, los rascacielos, donde se genera un alto grado de contaminación: de fuentes hídricas, con grandes cantidades de deshechos tanto orgánicos, como inorgánicos; de la atmósfera que respiramos, lo que se ha vuelto un lujo, porque cada día es más común ver ciudadanos usando tapabocas en las calles de nuestras ciudades, cubriendo boca y nariz para evitar respirar éste aire tan contaminado. Y qué decir de la contaminación visual, donde por doquier está saturado el espacio a nuestro alrededor con propagandas de todo índole encaminando al consumismo.

No debemos descontar la contaminación auditiva, la que durante todo el día desde que salimos de nuestras casas, nos afecta; con los pitos de los carros incesantes, que disparan las alarmas del estrés a grados muy altos, alterando nuestro sistema nervioso, somatizando diferentes enfermedades, tales como la migraña. Provocando desde la llegada a nuestro sitio de trabajo un estado poco apto para el desarrollo óptimo de nuestro trabajo profesional. Los gritos, la carrera desenfrenada de los conductores por la guerra del centavo; entre otros acontecimientos cotidianos, hacen que al terminar nuestra jornada laboral regresemos a nuestros hogares, agotados por el estrés del día. Lo cual nos conlleva a ser caldo de cultivo de enfermedades degenerativas como: alteraciones cardíacas y cáncer en los diferentes órganos del cuerpo humano.

Al combinar inteligencia con capacidad de manipulación, en términos de acción, dejamos de percibir totalidades, ya que tan solo nos llegan fragmentos, de lo que sucede a diario. No tenemos una visión global del efecto de nuestras acciones; cómo pueden repercutir en nuestros semejantes, en nuestro entorno, ya que tan solo vemos apartes de nuestra realidad actual.

Nuestra percepción de las situaciones es local, porque no tenemos la capacidad de observar todo el conjunto, solo fragmentos, tan solo lo que nos afecta, sin pensar que nuestros actos tendrán consecuencias en nuestro entorno, creando el efecto DOMINO.

Nuestros actos positivos o negativos; repercutirán en el resto de la humanidad, ya sea a corto, mediano o largo plazo.

El ser humano, se fragmenta, en el momento que evoluciona; ya que descubre: el trabajo, inventa el empleo, tiene diferentes sitios para: dormir, comer, divertirse, sanarse, educarse.

Nuestras relaciones son locales, fragmentadas, perdemos la capacidad de captar totalidades, por tal razón observamos y analizamos nuestro entorno, inmediato, sin tener en cuenta las repercusiones a las que conlleva nuestras acciones actuales.

Los avances científicos son cada ves más asombrosos, el hombre ha llegado a instancias antes insospechadas, ha logrado inventos, avances que han mejorado la salud, las comunicaciones, la industria, el comercio. Al contrario de ésta situación; la convivencia entre los seres humanos va en contravía con el desarrollo.

Actualmente, la vida no vale nada, se mata por mil pesos, se han perdido los valores del respeto, la consideración al prójimo, la honradez, la lealtad; se calumnia, se maltrata, sin tener en cuenta que la ley de la compensación existe y todo se nos devuelve en la misma medida de nuestros actos, “Con la misma vara que midas, seréis medido”.

A diario estamos abocados, a describir y explicar qué es el conocimiento ( reino de la ciencia). Ya que sólo comprendemos aquello, que somos capaces de penetrar, en profundidad.

Al comprender las transformaciones, de las cuales nosotros formamos parte y de las que no nos podemos desligar, originamos un ser creativo.

Cuando comprendemos una situación, la podemos transformar en beneficio propio y de la comunidad.

En la actualidad, la capacitación, está dirigida a un fragmento de la persona; como: Administrar, llevar una contabilidad, entre otras. La educación, no es Holística, no tiene en cuenta todas las dimensiones del ser humano, solo se preocupa por dar unos contenidos, en las diferentes asignaturas, segmentando al estudiante, sin tener en cuenta que es un todo.

Descubrir, es un acto, profundamente creativo, solo se descubre si permanecemos en un estado de alerta, donde sentimos todo lo que sucede a nuestro alrededor, que no es lo mismo, que dejarnos llevar por la corriente, sin detenernos a pensar en nuestro aporte para mejorar la sociedad en que vivimos. “ Nos encontramos ante el miedo cotidiano de nuestras realidades y tememos acercarnos al centro de nuestra vida más profunda, aquella a la vez lejana de nuestras propias existencias”.

martes 15 de enero de 2008

Lobreguez

Por Patricia Chacón.
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La sombra, el frío, la incertidumbre se han apoderado de la selva,

Ella alberga en cada centímetro de tierra millones de sucesos y guerras que le ha tocado presenciar,

Sin desear lleva en su entrañas el dolor de ver partir a muchos hombres y mujeres inocentes, que han manchado con su sangre, su virginidad…

Esconde tras sus árboles las miradas de aquellos cobardes que no han sabido dar la cara, afrontar la vida y las dificultades con valentía, estos han robado su tranquilidad y acelerado su respiración…

Ya los pájaros no vuelan con propiedad como hasta hace unos años, sus nidos han sido destrozados, una bala perdida de pronto les arrebatara la vida…

Sus pulmones se debilitan, su tierra ya no es sagrada, ha presenciado tantos actos inhumanos, sangrientos, y sádicos, que la han convertido en cómplice, una cómplice frustrada porque no tiene manos, boca, y pies, pero tiene corazón y razón…

Un corazón que se endurece con el tiempo, una mente que cuenta los minutos de tanta negligencia, quisiera ponerse en pie, despojar de sus tierras aquellos intrusos que no calman su sed sino que queman su corazón…

Sus animales ya no existen, todos han sido víctimas del dolor, ya no tienen guaridas donde esconderse, hasta las fronteras se las han quitado…

En las noches su llanto desconsuela, su manto se desgarra, ya no hay guardianes sino espías, ojos que no duermen y que se han convertido en su enemigo,

Ella esconde verdades insólitas, dolorosas, allí se han quedado miles de miradas que el viento a quemado y enterrado con dureza, libertades quebrantadas que ni el sol logra ver…

Muere lentamente, la entierran viva, no quiere irse, ella aún escucha llantos de niños, mujeres y hombres que piden con clamor un poquito de justicia, justicia sin armas, sin más muerte…

Jamás imaginó que su cuerpo albergaría tantos cuerpos, jamás pensó morir entre los muertos…

Quiere paz, quiere amor, quiere que sus árboles vuelvan a ser podados, cuidados y alimentados con ternura y bondad, no quiere volver a escuchar tanta bala, sino ver renacer las flores, y escuchar la dulce melodía de los colibrís…

Implora al Dios del cielo que no la deje desfallecer y con ella a todos aquellos que esperan morir dignamente, aunque su corazón agoniza, aún guarda la esperanza de poder despertarse un día, y volver a ver la luz del sol resplandeciendo sobre sus verdes prados, y corriendo sobre ellos la sonrisa de la libertad.


sábado 12 de enero de 2008

Miguel de Cervantes Saavedra

Tomado de http://www.aache.com/quijote/autor.htm

(Alcalá de Henares, 1547- Madrid, 1616).

F. Sevilla Arroyo / Enciclopedia Universal / Micronet / 1999

Poeta, novelista y dramaturgo español, considerado como el más grande escritor español de todos los tiempos, y uno de los mejores escritores universales. Su obra más conocida, la Historia de El Quijote de la Mancha, ha trascendido todas las fronteras y todas las culturas.

El retrato más fidedigno que se conoce de Miguel de Cervantes se debe a su propia pluma, con la que trazó su "rostro y talle" en el prólogo a las Novelas ejemplares:

"Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos estremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha, y del que hizo el Viaje del Parnaso, a imitación del de César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas y, quizá, sin el nombre de su dueño. Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria".

Miguel de Cervantes fue bautizado el 9 de octubre de 1547, en la iglesia parroquial de Santa María la Mayor, de Alcalá de Henares, donde nació posiblemente el día 29 de septiembre, día de San Miguel. Era el cuarto hijo de los seis que tuvo el matrimonio Rodrigo de Cervantes y Leonor de Cortinas. El padre era cirujano-barbero, profesión de escasos ingresos y baja consideración social. Las estrecheces económicas, en las que sin duda se crió nuestro autor, forzaron a su padre a emprender un vagabundeo por Valladolid, Córdoba y Sevilla en busca de mejor suerte, nunca conseguida, sin que sepamos a ciencia cierta si su prole lo acompañó en sus viajes o no. Si lo hizo, Cervantes podría haber aprendido sus primeras letras en un colegio de la Compañía de Jesús de esas localidades, e incluso haberse aficionado al teatro -una vocación que no abandonaría jamás- bajo la tutela del padre Acevedo. Desde 1566 el cirujano-barbero se estableció definitivamente con su familia en Madrid, iniciando por esos años el joven autor su carrera literaria: primero, en 1567, con un soneto dedicado a la reina ("Serenísima reina, en quien se halla"), con motivo del nacimiento de la infanta Catalina, la segunda hija de Felipe II. Después, en 1569, con cuatro poemas de corte garcilacista dedicados a la muerte de Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II, que le pidió Juan López de Hoyos, rector del Estudio de la Villa -tratándolo de "caro y amado discípulo"-, para incluirlos en la Historia y relación de las exequias reales. Es posible que Cervantes se iniciara en la literatura bajo la supervisión y en la amistad del humanista y gramático López de Hoyos. Lo que sí es seguro es que Cervantes entró al mundo literario de la mano de la poesía.

Esos tempranos inicios poéticos se vieron truncados casi en sus comienzos, pues a finales de 1569, encontramos al joven escritor instalado en Roma como camarero del cardenal Giulio Acquaviva, al que serviría durante un tiempo para iniciar pronto su carrera militar. Allí tuvo Cervantes ocasión de familiarizarse con la literatura italiana del momento, tan influyente en su propia obra.

Abandonó el ambiente pontificio en 1570, para entrar en el servicio militar, entonces absolutamente voluntario, en el que desde luego no le sonreiría nunca la fortuna. Se alistó primero en Nápoles a las órdenes de Álvaro de Sande, para sentar plaza después, con toda seguridad, en la compañía de Diego de Urbina, del tercio de don Miguel de Moncada, bajo cuyas órdenes se embarcaría en la galera Marquesa, junto con su hermano Rodrigo, para combatir, el 7 de octubre de 1571, en la batalla naval de Lepanto. Aunque en aquellos días sufría de fiebres, luchó con valor, pues recibió dos arcabuzazos en el pecho y uno en la mano izquierda, que se la dejaría inutilizada para siempre. A cambio, quedaría inmortalizado como El manco de Lepanto y conservaría hasta su muerte el orgullo de haber participado en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros.

Ya recuperado de sus heridas en Mesina, en 1572 se incorporó a la compañía de don Manuel Ponce de León, del tercio de don Lope de Figueroa, dispuesto a seguir como soldado, pese a tener una mano lisiada. Participó en diversas campañas militares en los años siguientes, pasando gran parte de su tiempo en los aburridos cuarteles de invierno de Mesina, Sicilia, Palermo y Nápoles. Cansado de tal modo de vida, unos tres años después Cervantes decide regresar a España, no sin obtener antes cartas de recomendación del propio don Juan de Austria, reconociéndole sus méritos militares, con intención de utilizarlas en la Corte para obtener algún cargo oficial. Así, en 1575 embarca en Nápoles, junto con su hermano Rodrigo, en una flotilla de cuatro galeras que parten rumbo a Barcelona, con tan mala suerte que una tempestad las dispersa y precisamente El Sol, en la que viajaban Cervantes y su hermano, es apresada, ya frente a las costas catalanas, por unos corsarios berberiscos al mando del renegado albanés Arnaut Mamí. Los cautivos son conducidos a Argel y Miguel de Cervantes cae en manos de Dalí Mamí, apodado El Cojo, quien, a la vista de las cartas de recomendación del prisionero, firmadas por el gran capitán mediterráneo Juan de Austria, fija su rescate en 500 escudos de oro, cantidad prácticamente inalcanzable para la familia de su padre el cirujano.

Así se inicia el periodo más terrible de su vida: cinco largos años de cautiverio en las mazmorras o baños argelinos, que dejarían una huella indeleble en la mente del escritor -normalmente traducida en una continua exaltación de la libertad-:

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres (Quijote, II, 58).

a la vez que alimentarían numerosas páginas de sus obras, desde La Galatea al Persiles, pasando por El capitán cautivo del primer Quijote, y sin olvidar El trato de Argel ni Los baños de Argel. Intentó escaparse en varias ocasiones, sin éxito, y al final fue liberado gracias al rescate pagado por el fraile trinitario fray Juan Gil, con las monedas obtenidas de sus recorridos pedigüeños por la geografía española. El 27 de octubre llega a las costas españolas y desembarca en Denia (Valencia): su cautiverio ha durado cinco años y un mes.

Pretendió largo tiempo algún puesto oficial, especialmente en América, a donde quería viajar. En 1581 fue a Orán, en misión desconocida, y luego a Lisboa, a dar cuentas al gobierno de Felipe II. Sigue empeñado en un puesto en América, y así en 1582, dirige una solicitud a Antonio de Eraso, que le es denegada. Nunca le fueron recompensados sus méritos militares.

Dedicado de lleno a las letras, en el mundo literario del Madrid de finales del siglo XVI, mantiene relaciones amistosas con las más altas plumas de la época: Laýnez, Figueroa, Padilla, etc.) y se dedica a redactar La Galatea -donde figuran como personajes buena parte de estos autores-, que vería la luz en Alcalá de Henares, en 1585. Sigue también muy de cerca la evolución del teatro, acelerada por el nacimiento de los corrales de comedias, y se empapa de las obras de Argensola, Cueva, Virués, etc., llevando a cabo una actividad dramática muy fecunda no ajena al éxito:

"compuse en este tiempo hasta veinte comedias o treinta, que todas ellas se recitaron sin que se les ofreciese ofrenda de pepinos ni de otra cosa arrojadiza; corrieron su carrera sin silbos, gritas ni barahúndas" dice en el Prólogo a Ocho comedias.

De ellas se conservan hoy El trato de Argel, La Numancia y, si admitimos su paternidad, la recién atribuida Conquista de Jerusalén. También conocemos un contrato firmado en 1585 con Gaspar de Porres, referente a dos piezas perdidas: El trato de Constantinopla y La Confusa.

Se casó en Esquivias con Catalina de Salazar, en 1585, y poco después siguió con sus viajes y movimientos por el ancho mundo, que le llevaron a tener esposa de modo sólo nominal, pues hasta principios del siglo XVII no volverá a verse con ella.

En 1587 le vemos instalado en Sevilla, donde, al fin, obtiene, por mediación de Diego de Valdivia, el cargo de comisario real de abastos para la Armada Invencible. Más tarde sería encargado de recaudar las tasas atrasadas en Granada, habiéndole denegado una vez más el oficio en Indias que había vuelto a solicitar en 1590. Tan miserables empleos lo arrastrarían a soportar, hasta finales de siglo, un continuo vagabundeo mercantilista por el sur (Écija, La Rambla, Castro del Río, Cabra, Úbeda, Estepa, etc.), sin lograr más que disgustos, excomuniones, denuncias y algún encarcelamiento (Castro del Río, en 1592, y Sevilla, en 1597), al parecer siempre injustos y nunca demasiado largos. Como contrapartida, el viajero entrará en contacto directo con las gentes de a pie, y aun con los bajos fondos, adquiriendo una experiencia humana magistralmente recreada en sus obras.

Como dramaturgo, se compromete en 1592 con Rodrigo Osorio a entregarle seis comedias, que no cobraría si no resultaban de las mejores, entre las cuales se cuentan varias de las incluidas en el tomo de 1615; como novelista, redacta varias novelas cortas (El cautivo, Rinconete y Cortadillo, El celoso extremeño, etc.) y, mucho más importante, esboza nada menos que la primera parte del Quijote y, quizá, el comienzo del Persiles. Al comienzo del siglo XVII, Cervantes se despide de Sevilla y sólo sabemos de él que anda dedicado de lleno a la escritura del Quijote. En 1603 se instaló en Valladolid, ciudad declarada nuevamente capital de España por Felipe III.

A principios de 1605, de forma un tanto precipitada, ve la luz El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, en la imprenta madrileña de Juan de la Cuesta, a costa de Francisco de Robles, con un éxito inmediato y varias ediciones piratas, por lo que Juan de la Cuesta inicia la segunda edición al poco tiempo. Este éxito se vería empañado por un nuevo encarcelamiento, ordenado sediciosamente por el alcalde Villarroel, motivado por el asesinato de Gaspar de Ezpeleta a las puertas de la casa de los Cervantes, en cuyo proceso la familia fue acusada de llevar vida licenciosa ("Las Cervantas").

Viaja de nuevo, y queda a vivir, en Madrid, en 1606. Ya en la recta final de su vida, aún vive dos nuevas mudanzas: primero a la calle Huertas y luego a la de Francos, la asistencia a las academias de moda, como la del conde de Saldaña, en Atocha, y el ingreso en la Orden Tercera de San Francisco.

Ya prestigioso novelista y escritor, Miguel de Cervantes va redactando gran parte de su producción literaria, aprovechando títulos y proyectos viejos. Tras ocho años de silencio editorial desde la publicación de la novela que lo inmortalizaría, publica una verdadera avalancha literaria: Novelas ejemplares (1613), Viaje del Parnaso (1614), Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados (1615) y Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha (1615 también). La lista se cerraría, póstumamente, con la aparición, gestionada por su mujer Catalina, de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, historia setentrional (1617).

Enfermo gravemente de "hidropesía" (accidente vascular con posible parálisis) en 1616 se vio morir: el 18 de abril recibe los últimos sacramentos; el 19 redacta, "puesto ya el pie en el estribo", su último escrito: la sobrecogedora dedicatoria del Persiles; el 22, poco más de una semana después que Shakespeare, el autor del Quijote fallece y es enterrado al día siguiente, con el sayal franciscano, en el convento de las Trinitarias Descalzas de la actual calle de Lope de Vega. Sus restos mortales se perdieron, y hoy permanece en la memoria de todos los que aman la buena literatura y el idioma castellano en su más puro acento.

La Obra de Cervantes

Miguel de Cervantes cultivó los tres grandes géneros literarios (poesía, teatro y novela) con el mismo empeño, aunque con resultados bien distintos. La historia literaria ha respetado siempre la evaluación adelantada por sus contemporáneos: fue menospreciado como poeta, cuestionado como dramaturgo y admirado como novelista.

Poesía.

La producción poética cervantina ocupa un espacio considerable en el conjunto de su obra, se halla diseminada a lo largo y ancho de sus escritos y recorre su biografía desde sus inicios literarios hasta el Persiles. Responde a una vocación proaache, cultivada ininterrumpidamente, aunque no siempre con la inspiración necesaria. Su obra poética está integrada por numerosas composiciones sueltas, normalmente de circunstancias (conmemorativas, fúnebres, laudatorias o satírico-burlescas), y por un largo poema con perfiles auto biográficos: el Viaje del Parnaso. Este es el único poema narrativo extenso de Cervantes. Hecho a imagen y semejanza del Viaggio di Parnaso (c. 1578), de Cesare Caporali di Perugia, como declara el propio autor, se inscribe en la tradición satírico-alegórica menipea, de ascendiente clásico, medieval y erasmista. Narra autobiográficamente, en ocho capítulos, un viaje fantástico al monte Parnaso, a bordo de una galera capitaneada por Mercurio, emprendido por muchos poetas buenos con el fin de defenderlo contra los poetastros. Reunidos allí con Apolo, salen victoriosos de la batalla y el protagonista regresa mágicamente a su morada. La aventura se completa con la "Adjunta al Parnaso", donde Pancracio de Roncesvalles entrega a Miguel dos cartas de Apolo con las que se cierra la adenda.

Teatro.

Comedias y tragedias.

También el teatro fue cultivado por Miguel de Cervantes con asiduidad y empeño vocacional. Desde sus inicios literarios, tras volver del cautiverio, hasta sus últimos años, se dedica a escribir teatro: la cronología de sus piezas abarca desde comienzos de los 80 hasta 1615, dejando escasos períodos inactivos.

Por orden de antigüedad, abren la serie las dos piezas sueltas representadas en la primera época. La más antigua, el Trato de Argel, es una tragicomedia de cautivos ambientada en un trasfondo histórico y costumbrista, de cuño autobiográfico, que se ve animado por la doble intriga amorosa de Aurelio-Silvia e Yzuf-Zahara. Mucho más relevante es la Tragedia de Numancia, acaso la mejor del género por aquellos años, donde las fuentes históricas (Apianno, Morales, Valera) sobre el cerco se adoban con motivos literarios (Farsalia, Laberinto de Fortuna, Araucana) y se enriquecen ya con vivencias individuales ficticias (madre e hijos, pareja de enamorados, dos amigos), ya con proyecciones alegóricas como el Duero o España.

Entremeses.

Son excelentes y Cervantes los aborda en absoluta libertad, tanto formal como ideológica, desplegando por entero su genialidad creativa para ofrecernos auténticas joyitas escénicas, cuya calidad artística nadie les ha regateado. Logra ocho "juguetes cómicos", protagonizados por los tipos ridículos de siempre (bobos, rufianes, vizcaínos, estudiantes, soldados, vejetes, etc.) y basados en las situaciones convencionales, pero enriquecidos y dignificados con lo más fino de su genio creativo (ironía, vida-literatura, apariencia-realidad...), de modo que salen potenciados hasta alcanzar cotas magistrales de trascendencia ilimitada. Entre burlas y veras, con la permisividad inherente al cuadro bufo, el manco de Lepanto no deja de poner en solfa los más sólidos aachementos de la mentalidad áurea.

Hay que destacar de ellos El juez de los divorcios, El rufián viudo, La guarda cuidadosa, La cueva de Salamanca, El viejo celoso, El vizcaíno fingido, La elección de los alcaldes de Daganzo, y el Retablo de las maravillas, que se alza como la pieza maestra indiscutible de la serie por su interés tanto estético como ideológico: el mayor de los puntales de la sociedad barroca, la pureza de sangre, o si se prefiere, la condición de cristiano viejo, se echa por tierra, y aun se reduce a la nada, cuando de ella depende la contemplación de un fantástico retablo, fabricado por el sabio Tontonelo, donde no hay más espectáculo que el representado por los espectadores, víctimas estúpidas de sus prejuicios casticistas, aunque no por ello dejan de anular los límites entre realidad y ficción.

Narrativa.

Cervantes está considerado por todos como el creador de la novela moderna. En este campo logró cuajar sus títulos más grandiosos: tras la concesión a la moda pastoril de La Galatea (1585), El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605), las Novelas ejemplares (1613), la Segunda parte del ingenioso caballero (1615) y, póstumamente, la Historia de los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617). Fue capaz de renovar todos los géneros narrativos de su tiempo (caballeresca, pastoril, bizantina, picaresca, cortesana, etc.), y esto lo hizo con su indudable genio creativo, pues la novela se entendía por entonces a la italiana, como relato breve, y no estaba contemplada teóricamente en las retóricas. La fórmula novelesca empleada hay que ir a buscarla a sus propias obras, y no pasa de unas cuantas claves que han sido inteligentemente sistematizadas por Riley: verismo poético de los hechos, admiración de los casos, verosimilitud de los planteamientos, ejemplaridad moral, decoro lingüístico, etc. Son los mismos principios, por otro lado, que rigen en el resto de sus creaciones, siempre situadas en esa franja mágica que queda a caballo entre la vida y la literatura, la verdad y la ficción, la moral y la libertad...

Las Novelas ejemplares.

Los "doce cuentos" incluidos en el tomo de las Novelas ejemplares de 1613 recogen una tarea narrativa que arranca muy de atrás; al menos algunos de ellos, Rinconete y Cortadillo y El celoso extremeño, estaban ya escritos hacia 1600. Pero el Cervantes que los agrupa, retoca y completa, cuatro años antes de su muerte, es ya el autor del Quijote. Seguro de su talla como prosista de creación, despliega en ellos un muestreo novelesco de lo más variopinto que nos ofrece -no sin alardes- con aires de primicia desde su prólogo: "yo soy el primero que he novelado en lengua castellana, que las muchas novelas que en ella andan impresas todas son traducidas de lenguas estranjeras, y éstas son mías propias, no imitadas ni hurtadas: mi ingenio las engendró, y las parió mi pluma". La obra comprende doce títulos (La Gitanilla, El amante liberal, Rinconete y Cortadillo, La española inglesa, El licenciado Vidriera, La fuerza de la sangre, El celoso estremeño, La ilustre fregona, Los dos doncellas, La señora Cornelia, El casamiento engañoso y La de los perros Cipión y Berganza), pero el último de ellos está engastado en el anterior de forma indisoluble: el Coloquio se inserta como lectura llevada a cabo por uno de los personajes del Casamiento, de modo que éste se cierra una vez terminado aquél. Los títulos incluidos están pensados como muestreo genérico dentro de la tradición italiana del relato breve. En sus páginas se recrea y se pasa revista a la práctica totalidad de las modalidades propias de esa corriente: bizantina, picaresca, gnómica, cortesana, lucianesca, etc. Aparentemente, son relatos independientes, escritos al margen de la colección, que suelen clasificarse por sus planteamientos idealistas o realistas, por sus temas (amor, matrimonio, picaresca) o por su lenguaje más o menos culto. Las novelitas parecen estar presididas por un marco implícito que establece múltiples interrelaciones (simetrías, variaciones o contrastes) entre ellas, ya sean genéricas, temáticas, ambientales, lingüísticas, etc. Todas ellas se verán recapituladas en el Coloquio de los perros, al que llegan ecos de La Gitanilla, del Rinconete, de la Ilustre, etc., para hacernos volver a considerar la "mesa de trucos" que supone la colección y su compleja organización laberíntica.

El Persiles.

Aunque publicados póstumamente (1617), Los trabajos de Persiles y Sigismunda bien pudieran ser empresa novelesca iniciada por Cervantes en la última década del XVI. La novela se cierra en el lecho de muerte, lo que viene a significar que está acabada por quien se sabe y autoestima como el primer novelista de su tiempo; sin duda, Cervantes pretendía desquitarse de la fama de novelista "cómico" que le había deparado el carácter risible del Quijote y se adentra en el "género bizantino" dispuesto a colmarlo de gravedad y trascendencia. Es este un "romance" nítidamente cristiano, tridentino, basado en la figura central del peregrino que se purifica moralmente en su continuo deambular viajero; precisamente el modelo más próximo a la "novela ideal". El resultado es la azarosa peregrinación llevada a cabo por Persiles y Sigismunda: dos príncipes nórdicos enamorados que, haciéndose pasar por hermanos bajo los nombres de Periandro y Auristela, emprenden un viaje desde el Septentrión hasta Roma con el fin de perfeccionar su fe cristiana antes de contraer matrimonio. Como era de esperar, el viaje está entretejido de multitud de "trabajos" (raptos, cautiverios, traiciones, accidentes, reencuentros, etc.), enriquecidos y complicados hasta el delirio por las historias de los personajes secundarios que van apareciendo en el trayecto (Policarpo, Sinforosa, Arnaldo, Clodio, Rosamunda, Antonio, Ricla, Mauricio, Soldino, etc.) y por las jugosas descripciones de los escenarios -particularmente de los nórdicos- geográficos.

No obstante, la novela está perfectamente unificada tanto estructural como semánticamente. Por una parte, el viaje responde a un itinerario bien preciso que arranca de la Isla Bárbara y termina en Roma, pasando por Irlanda, Portugal y España; se nos ofrece distribuido en cuatro libros, claramente agrupables en dos grandes bloques, con la llegada a Lisboa como eje central: primero, las andanzas por los países nórdicos (I y II); después, las correrías por el centro (III y IV). Por otra, el recorrido que conduce a los personajes desde la Isla Bárbara hasta Roma no es sólo geográfico, sino que está concebido simbólicamente como peregrinación purificadora, en lo humano y en lo amoroso, que pasa por distintos eslabones en la cadena del ser: desde el barbarismo salvaje de los nórdicos, hasta el pontífice romano; desde la lujuria brutal, hasta el matrimonio cristiano. En definitiva, todo se integra literariamente en un "camino de perfección" que no puede terminar sino en Dios: "Nuestras almas [...] siempre están en continuo movimiento y no pueden parar sino en Dios, como en su centro". Ello explica la alta estima en que Cervantes tuvo al Persiles.

El Quijote

La más grande obra de Miguel de Cervantes y de la literatura hispánica de todos los tiempos.

jueves 10 de enero de 2008

Un Minúsculo Aporte del Conflicto Colombiano I

Por Jaime Plata.
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Aprovechando el suceso que acaba de ocurrir hace algunas horas con la liberación de Clara Rojas y Consuelo Gonzáles por parte de las FARC ante la mediación del Presidente Chávez de Venezuela; quiero expresar mi reducido y minúsculo punto de vista, teniendo en cuenta que la información que poseo es tan limitada como mi propio entendimiento.

I

Sin duda alguna si alguien sabe o ha leído algo de resolución de conflictos o simplemente con una lógica adecuada se dará cuenta fácilmente que el peor camino para resolver un conflicto es la confrontación misma (Guerra), siendo ésta última la solución que el Presidente Uribe ha propuesto desde su primer mandato, y me da enorme tristeza pensar que la mayoría de los Colombianos están de acuerdo y así como van las cosas, va para su tercer mandato sin que nada suceda…..

Antes de continuar con esto, quiero dejar claro que no estoy de acuerdo con el payaso de Chávez ni soy de izquierda tampoco, sencillamente soy un ser humano sensible a este conflicto y como dijo una vez Belisario Betancourt “No derramará más sangre un Colombiano Más” cuando se refería a su posición frente a la Paz en Colombia, pienso que ese debería ser el sentir de todos. Pero desafortunadamente se oye a la gente decir en los pasillos de los edificios, en las calles, en los buses, en las entrevistas, en las peluquerías, en las tiendas, en las panaderías….. “Es que lo que hay que hacer es fumigar a esos desgraciados (Guerrilleros, Paras…)”, “Gracias al Presidente Uribe ahora si se puede ir por tierra a la costa, a Medellín a todas partes sin que lo secuestren a uno”, “Como ha servido la seguridad Democrática”, “El mejor Presidente desde hace muchos años”………etc……etc….Es que no se dan cuenta que los que mueren no son cucarachas ni moscas, son COLOMBIANOS, campesinos, personas civiles, inocentes….Obviamente hay muchos asesinos de estos grupos que no parecen seres humanos sino animales y ni siquiera eso, pero la inmensa mayoría es gente buena, gente que esta en el medio, gente que sufre, que se ha visto afectada hace décadas por este flagelo y que pide a gritos que esta pesadilla termine….

¡¡¡Claro!!! No se debe desconocer muchas cosas que ha logrado el Presidente, con gran tesón y constancia; pero realmente el costo en vidas humanas y secuelas de la guerra justifican dicha confrontación? Secuestrados, más del 5 % de la población desplazada, miles de mutilados por las minas antipersonales que ha propósito nos convierten en el País con más minas y víctimas del mundo en este renglón, falta de apoyo del estado en todo sentido hacia la población civil desfavorecida (Especialmente los de las Zonas Rurales y Desplazados), para poder costear el gasto de la guerra que para este año se triplicó respecto al 2007.

Hoy 10 de Enero de 2008 me pregunto, realmente se justifica????

Una cosa es dar el voto desde aquí sentado, con techo, con comida, con plata para coger un bus, ir a un cine….como digo yo, MILLONARIO, porque en un país en donde el 60 % de la población es pobre, una persona de clase media-baja que se pueda dar el lujo de tener Internet, ir a una Universidad y coger Bus definitivamente es Millonaria.

Yo me pregunto a una clase media, media alta y alta que le importa?? Pues poder viajar por el país sin que lo secuestren, seguridad en sus fincas, inversión extranjera, buena imagen del País, que lleguen las marcas extranjeras para no tener que viajar a comprar sus cosas; porque valga la “cuñita” para que tengamos nacionalidad, patriotismo y querer lo nuestro nos falta por ahí unas 3 vidas.

Continuará…….

Gracias,

martes 8 de enero de 2008

La Madre de Mateo

Por Alethia Bogoya.

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Mateo: No te conozco…
Sin embargo estos sollozos son de verdad
Esta nostalgia es gris rojo como la nostalgia de tu madre
El sacerdote
Ha dicho con tono solemne que a pesar de tu corta edad
El cielo ahora es tu morada
No puedo saber que se siente
Que ya no estés,
Pero desde mi cuerpo de mujer
Las entrañas se revuelven
Un intenso dolor me entumece

Debería acercarme a tu madre,
Pero no lo hago, una vez más no tengo valor
Estas líneas son un intento fútil
De acompañar a tu madre
De abrazarla con las palabras
De secar sus lágrimas

He visto el amor en los ojos de tus padres
Y pido a Dios para que siempre pemanezcan así
De ese modo, unidos bajo tus ojos inmortales
Caminando por este mundo

Finaliza la ceremonia
Las madres y no madres lloramos en silencio
Miles de flores blancas descienden de un cielo azul
El amor inunda las calles, todas a un mismo tiempo
El dolor sacude cada uno de los árboles
Y la ciudad queda muerta por horas, días
Días enteros
Hasta que mamá y papá se levanten de nuevo
Sonrían de nuevo…

viernes 4 de enero de 2008

Fantasmas de Víctimas Descuartizadas Llevaron a la Locura a Varios 'Paras' en Meta y Casanare

Tomado de http://www.eltiempo.com/justicia/2007-11-26/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3832082.html

Esta historia revela una más desgarradora: la de niños que 'Martín Llanos' reclutaba y son hoy veteranos de guerra con 18, 19 o 22 años. Apenas ahora se atreven a contar los horrores que vivieron.

Guardadas las proporciones, podría compararse con lo ocurrido a los niños de Sierra Leona que ha escandalizado al mundo: niños reclutados a la fuerza y "entrenados en la barbarie para perder el pudor y convertirse en asesinos eficientes", como diría la columnista Natalia Springer.

En una larga entrevista con un llanero que a los 17 años, en el 2004, ya era veterano de la más cruenta pelea 'paraca' que haya vivido el país -la de los 'buitragueños' de Martín Llanos (el único jefe paramilitar que no desarmó a su ejército) contra los 'urabeños' de Arroyave- él me contaba que a veces les dejaban los muertos "a los 'chulos'" y otras veces los "picaban" para echarlos a los ríos. Me explicaba que "tocaba chicotearlos y sacarles las tripas, porque si no, flotaban. Las tripas las pincha uno, les abre hueco para que se llenen de agua y al río las echa también".

-¿Y a alguno le daban pesadillas?, pregunté.

Para responder, comenzó a contar unas historias hasta ahora desconocidas:

-De todas esas muertes se formó un problema ni el verraco. ¡Como cosas del diablo! -dijo con sonrisa apenada-. La gente se volvía loca, se les metía un espíritu y los ponía a que se golpearan contra los árboles. Amanecían con morados por todo lado. Como metérseles el demonio.

Y continuaba. "Uno le pregunta al espíritu: '¿a qué viene? ¿qué quiere?' y él le hablaba a uno en el cuerpo de la otra persona y decía, por ejemplo: 'Yo vengo porque a mí me mocharon en tal parte y no me tiraron completa donde me tenían que tirar y si no me regresan eso entonces sigo golpeando la gente'. Ese espíritu soltaba al uno y agarraba al otro y así era casi todos los días esa recocha".

El cuento puede parecer absurdo para muchos, pero lo cierto es que en medio de esa inmensa sabana, tan fértil para lo mítico y lo mágico, a los 'paracos' les tocó vivir un verdadero infierno con los fantasmas de sus víctimas descuartizadas. Y como esas historias del llanero, otros siete protagonistas de la guerra, relatan episodios similares.

Dos muchachos que tratan de recuperarse en Bogotá de las lesiones mentales que les dejó esa guerra -a la cual los llevaron a la fuerza reclutadores que cobraban 200 mil pesos por cada uno-, recuerdan que en el Tropezón (la que era sede de los paramilitares de 'Martín Llanos' a dos horas de Puerto López), "a un man se le metió un espíritu. Le pusieron una virgen y el comandante le preguntó: '¿De dónde viene? De parte de Dios o de parte del diablo'. Y el espíritu le contestó: 'No, es que a mí me confundieron. Yo no era guerrilla, yo era un campesino'".

Otros eran 'cruzados'

Las mujeres, según varios de los entrevistados, eran las más propensas a "que se les metiera el diablo".

Los hombres, por el contrario, preferían convertirse en 'cruzados' a través de "un rito satánico para proteger la vida en los combates a cambio de entregar el alma", como lo explica en su tesis de maestría aún no publicada, Liliana Ramírez Arias. Según la investigadora, el rito lo hace un "brujo" -hay dos en los Llanos- con un gato negro sin ojos del cual se bebe la sangre para que "entre al cuerpo del cruzado la protección del diablo".

El 'cruzado' tiene que pintarse las uñas de negro para que en medio de los combates pueda ser identificado por el ser que lo protege.

Por eso, el 11 de abril del 2006, cuando se desmovilizaron cerca de 1.800 hombres de 'Héroes del Llano' y 'Bloque Guaviare' (distintos a los de Llanos y Arroyave), en un corregimiento de Puerto Lleras (Meta), se vieron muchos con uñas negras.

En el diario de un comandante paramilitar del bloque de Miguel Arroyave, publicado por la revista Semana, este cuenta que cogieron a 15 muchachos de 'Martín Llanos' y uno de ellos, en muy mal estado, le pidió que mejor lo matara. "Déjeme morir. Me tengo que morir hoy. Hace un tiempo yo hice un pacto con el más allá para obtener protección. A mí me rezaron en cruz y según la persona que lo hizo, para que no me entrara el plomo yo tenía que obedecer algunas cosas que las ánimas pedían que hiciera y hoy ya me dijeron que me había llegado la hora", habría dicho el joven. "Vi las heridas -escribe el comandante- que eran muy profundas, algunas atravesaban el cuerpo y la verdad es que eran muchas como para que todavía estuviera vivo".

Un infierno que el país no vio

Pero más allá de los espantos lo cierto es que la manera cómo reclutaba y entrenaba 'Martín Llanos' a sus combatientes (2002 y 2003) y luego la guerra en la que se trenzó con los 'urabeños' durante dos años y medio (abril del 2003 a octubre del 2005) convirtió a gran parte del Meta y el Casanare en un verdadero infierno.

En el 2001, 'Martín Llanos' decidió hacer fuerte su ejército. En un solo curso, de los varios que hizo en el 2002, entrenó a 220 muchachos. Se veían niños hasta de 13 años. A muchos los recogían de los pueblos y fincas de la zona, a otros los sacaron de correccionales como la de Villavicencio, se llevaron niños de la calle de Bogotá, muchachos en las esquinas de Ciudad Bolívar, del Tolima y hasta algunos incautos que caían con avisos que invitaban a ir a un "centro de rehabilitación especial para la drogadicción".

"A muchos les decían que iban a recoger arroz, y cuando llegaban y se daban cuenta, se veía mucho hombre llorar", recuerda uno de ellos.

Y lloraban porque los entrenamientos eran campos de exterminio: muchos se quedaban a mitad de camino destrozados por sus mismos compañeros. El método 'pedagógico' era macabro: se deshacían de los débiles o los que no parecían estar convencidos de la causa y con sus crueles asesinatos le daban al resto lecciones de barbarie.

Cada uno de los entrevistados tiene su propia historia de como, a los pocos días de llegados, les tocaba participar del descuartizamiento de cualquier recluta por una falta ínfima. No importaba la falta, era solo una excusa para convertir, en menos de dos meses, muchachos de 16 años en hombres dispuestos a matar.

"Los cursos antes eran más difíciles, de 20 que entraban solo salían (vivos) 10 ó 5. Después, de 180, solo se quedaban en el camino 10 ó 15".

Un tolimense, al que se llevaron de 16 años, cuenta su primera 'lección': "Una pelada se acostó con un man y quedó embarazada. La mataron y todos teníamos que pasar para partirle un pedazo y entregárselo al comandante. A uno le tocó el feto de un mes".

En un momento dado, abrumados además por la inmensidad del llano y la soledad, perdían cualquier sentido de los valores humanos. Hasta el punto de que tomaban como un pasatiempo de adolescentes comer carne humana.

"Lo de la carne es curiosidad. En los cursos del 2002 o 2003 comía carne el que quisiera. En los de antes sí les tocaba obligados. En mi curso mataron a a un ñero que con la droga tenía pasado el cerebro. Mataron al chino y un comandante dijo: traigan un pedazo de carne para que pruebe al que se le de la gana o si no todos jartan a las malas".

-¿A qué te supo la carne?

-Normal. Comí del lado de la nalga. Como usted comer carne de marrano. Como usted fritar un pedazo de cuero con carne. Todo mundo como que sí comía, como que no. Cada uno cogía su pedacito. Y ya si le gustó se lo comía.

Y es enfático en dejar claro, -No es para cogerlo de vicio y que si se le acabó la carne entonces mate al vecino".

En confesiones que han recogido fiscales de Justicia y Paz, otros 'paras' han contado también este tipo de escarceos caníbales. Los ejemplos de episodios macabros, ocurridos en esa tierra, abundan.

Duerme por ejemplo en expedientes el testimonio de 'Menudencias', un muchacho de 23 años con cuerpo de niño que un día en la cárcel de Acacías dijo ya no poder con el cargo de conciencia y contó de un señor de apellido Polo con dos hijos guerrilleros al que el comandante 'Solín', en Aguazul (Casanare), para que confesara donde estaban sus hijos "le inyectó un veneno de prueba en humanos". Lo encerró en un cuarto y los demás miraban por las rendijas. "Se le salían los ojos al cucho y los demás juagados de la risa".

Contaba también como les hacían tomar la sangre de los compañeros que mataban en entrenamiento "para obtener la fuerza del muerto".

Los dos años de apocalipsis

De todas esas historias nunca el país se enteró. Ni tampoco, a pesar de todo el ruido que implicó, se dio mediana cuenta de la dimensión de la guerra de abril del 2003 a octubre del 2005.

'Martín Llanos', que dominaba gran parte del Meta y Casanare, en un ánimo de expansión desde el 2001 se empezó a extender hasta Mapiripán y Caño Jabón (ruta importante de la coca hacia el Guaviare) y hasta Boyacá. Mientras que Miguel Arroyave, que recién había comprado el bloque 'para' a Vicente Castaño, empezó a tratar de recortarle terreno.

Al principio, cuenta un investigador que vivió de cerca esa guerra, era una pelea entre 'criollos' (los de Llanos) y 'paisas' (los de Arroyave), en la que estos últimos, a pesar de ser grandes y fuertes, llevaban las de perder porque no conocían el terreno. Luego, bajaron a ayudarle a Arroyave tropas de Carlos Castaño, de 'Macaco' y de 'Don Berna'. Y lograron sacar a los 'buitragueños' del Meta en diciembre del 2003.

¿No pasa nada?

Y en la estocada final -sacarlos del Casanare- tuvo que ver el proceso de negociación con el Gobierno en Ralito. Como 'Llanos' se rebeló y a pesar del ultimátum que le dio el presidente Álvaro Uribe en agosto del 2004 no quiso ser parte de la mesa de negociación, la artillería del Ejército acabó con sus tropas.

"Era triste ver cómo esos niños (los de 'Martín Llanos') al ver esos tipos grandes y los helicópteros, botaban el fusil y salían corriendo", cuenta una autoridad judicial de la zona.

¿Y que pasó con todos? Arroyave es asesinado en noviembre del 2004, en plena negociación con el Gobierno.

'Martín Llanos' logró fugarse del cerco oficial en octubre del 2005. No se sabe nada de él. Su papá, Héctor Buitrago, hoy sigue reclutando.

Los grupos herederos de los 'paras' ('cuchillos ' y 'macacos') se han ensartado en una guerra que en agosto de este año dejó, según la Policía, 250 muertos de lado y lado.

'Cuchillo', señalado de asesinar a su jefe Arroyave, a última hora no se quiso desmovilizar y hoy manda a nuevos 'paras' desde el Guaviare.

Y en Bogotá, en un barrio popular, hay un muchacho de 19 años, que tres años después de vivir ese infierno me dice: "Por la noche me despierto con miedo".